En la entrevista con Clarín, Alberto Cabanes compartió la inspiradora historia de cómo una visita a un geriátrico cambió su vida profesional. A los 37 años, el español, que dejó un empleo bien remunerado en una gran empresa para seguir su sueño, es ahora el CEO de “Adoptá un Abuelo”, una ONG que busca generar conexiones intergeneracionales. Su camino, lejos de ser un cuento de hadas, es una muestra de perseverancia, fracasos y el poder transformador de la empatía.
El origen de un sueño
Todo comenzó con un encuentro fortuito en una residencia de Ciudad Real. Alberto Cabanes, un joven con un título en Administración de Empresas y un Máster en Auditoría, visitaba con frecuencia a su abuelo, Clemente. Allí conoció a Bernardo, un residente viudo y sin hijos, cuyo mayor deseo era tener un nieto. Conmovido por su anhelo, Alberto lo “adoptó” simbólicamente, sin saber que ese simple acto plantaría la semilla de una idea revolucionaria.
Bernardo, un humilde carpintero que había tenido que abandonar la escuela de niño, se preguntaba cómo podía haber inspirado a un universitario. La respuesta, para Cabanes, radicaba en la sabiduría de las personas mayores. Para él, las sociedades más avanzadas no son las que tienen más tecnología, sino las que cuidan a sus miembros más vulnerables.
La idea de conectar a jóvenes con personas mayores para combatir la soledad surgió en la Navidad de 2013. Alberto observó cómo los residentes se animaban con su presencia. Pensó: “¿Y si conectamos a más jóvenes con personas mayores?” Para validar su hipótesis, creó una página web invitando a voluntarios. En menos de 24 horas, más de 100 personas se habían registrado, confirmando el potencial de la iniciativa.
De la empresa al emprendimiento social
El camino de Cabanes no fue lineal. Tras un fallido primer emprendimiento en el mundo de los deportes, se unió a una gran firma global, donde trabajó durante cuatro años. A pesar del éxito económico, decidió renunciar para dedicarse de lleno a su proyecto social. Este salto al vacío no estuvo exento de dificultades: tuvo que vender su auto y su iPad, dejar su apartamento y vivir de prestado por casi un año. “El emprendedor que te diga que no pensó en abandonar en algún momento, miente”, aseguró en la entrevista.
Sin embargo, los resultados de “Adoptá un Abuelo” demuestran que el esfuerzo valió la pena. Hoy, la ONG emplea a 15 personas y ha logrado unir a más de 20,000 “nietos voluntarios” con “abuelos” en España. La premisa es simple: la amistad no tiene edad. Los voluntarios se comprometen a dedicar al menos una hora y media semanal para acompañar a un adulto mayor. Las actividades son variadas: jugar dominó, pasear, enseñarles a usar el celular, o simplemente charlar. La amistad que surge de estas conexiones ha tenido un impacto tangible. Casos como el de Ramón, que a sus 90 años pudo volver a jugar al béisbol, o el de Toñi, que con 95 asistió a su primer concierto, son ejemplos del poder de esta iniciativa.
El futuro y la visión de un soñador
Alberto Cabanes es un “CEO” incansable, que ya recibió reconocimientos como el “European Youth Awards” por su activismo social. Su proyecto se ha expandido a varias ciudades de España, y ahora sueña con llevarlo a otros países, incluyendo Argentina. A pesar de su éxito, sigue manteniendo una perspectiva humilde, recordándole a las personas que detrás de cada historia viral hay un enorme trabajo de logística, financiación y seguimiento. La ONG se sostiene gracias a la colaboración de empresas que apadrinan la iniciativa y a los “embajadores”, usuarios que hacen aportes mensuales.
El emprendedor, que ahora ha regresado a su natal Ciudad Real en busca de tranquilidad, mantiene vivo el recuerdo de su abuelo Clemente y de Bernardo, el “abuelo adoptado”. Su historia es un recordatorio de que la empatía y la conexión humana son motores de cambio que pueden transformar la vida de miles de personas.