En el distrito barcelonés de Gràcia, un conflicto lingüístico se ha desbordado más allá de las redes sociales, escalando a un acto de vandalismo contra un establecimiento comercial. Una sucursal de la heladería Dellaostia, de propiedad argentina, apareció con pintadas y carteles después de que un político local la acusara de trato discriminatorio hacia el idioma catalán.
El incidente se desencadenó cuando el concejal de ERC, Guillem Roma, denunció en X que su pareja había sido “insultada” por un empleado del negocio. Según la versión del político, el trabajador reaccionó de forma hostil al ser consultado en catalán, llegando a responderle de forma ofensiva. Tras la denuncia, el local fue atacado con grafitis que lo acusaban de ser “fascista” y “anticatalanista”, además de carteles que condenaban el presunto irrespeto al idioma y la “turismofobia”.
Los trabajadores de la heladería se vieron obligados a limpiar las pintadas y retirar los letreros antes de abrir al público. Este hecho ha generado un fuerte debate en las plataformas digitales, donde las posturas se dividen entre quienes apoyan la defensa del idioma catalán y quienes condenan la vandalización y la “campaña de odio” contra el negocio.
La polémica ha atraído la atención de diversas figuras políticas. Mientras que partidos como ERC, CUP y PSC han respaldado públicamente a Roma, el líder del PP en Barcelona, Daniel Sirera, ha condenado enérgicamente la violencia. “Ninguna causa, ninguna, justifica la violencia”, escribió Sirera, destacando que el odio no debería ser un estandarte político.
El altercado ha provocado que el concejal de ERC presente reclamaciones formales ante el Departamento de Política Lingüística del Ayuntamiento de Barcelona y la Oficina de No Discriminación, así como ante la Agencia Catalana de Consumo. Hasta el momento, la dirección de la heladería no ha emitido una declaración sobre los hechos.