El reciente despliegue de barcos y miles de militares estadounidenses en el Caribe, con la justificación oficial de combatir el narcotráfico, ha encendido la alarma en las esferas de poder en Venezuela. No obstante, en las calles, la reacción de los ciudadanos dista de ser una respuesta monolítica. En un entorno de información fragmentada y desconfianza generalizada, la población se debate entre la indiferencia, el temor a las consecuencias y una inesperada esperanza de cambio.
En la capital, Caracas, el sentimiento es una mezcla compleja. Mientras algunos, como Mirna, habitante del municipio de Chacao, desestiman el despliegue como una maniobra del gobierno de Nicolás Maduro para reafirmar la narrativa de un golpe de Estado en marcha, otros viven en un estado de nerviosa expectación. Ciudadanos como José Hernández han optado por tomar precauciones básicas, almacenando velas y alimentos, temiendo que una posible respuesta del gobierno de Maduro pueda desencadenar cortes de energía o un “estado de excepción”. Esta sensación de incertidumbre es compartida por muchos, como Judith León, quien en declaraciones a FRANCE 24 expresó: “Hay mucha gente que no lo cree porque la información al país no llega. Si tú no te metes en internet y ves a otros youtubers no te enteras. Los de acá no dicen nada y la gente cree que es otro pote de humo. Pero, tenemos que estar preparados con agua y comida porque no sabes cuál va a ser la reacción de este Gobierno”.
El miedo a las represalias gubernamentales es un factor dominante en la percepción pública. Varios ciudadanos entrevistados por FRANCE 24 prefirieron mantener su anonimato por temor a la inteligencia estatal. Un vendedor de hortalizas de 30 años resumió la situación con cruda honestidad: “El miedo de nosotros es que tú digas algo, se haga viral y te caiga el Sebin”. Este clima de miedo explica por qué muchos venezolanos, a pesar de sus deseos de cambio, optan por la cautela pública, lo que genera una desconexión entre la percepción real y la imagen que se proyecta. Otro ciudadano, que trabaja en la construcción en Petare, admitió que “me gustaría que fuera cierto, porque mira este país cómo está. Que haya una intervención aquí”, antes de confesar su temor a ser detenido en una operación policial.