Durante las cuatro semanas de agosto de 2025, la inflación en alimentos y bebidas mostró una aceleración significativa, destacándose como uno de los principales motores del incremento general de precios en Argentina. Según el relevamiento de la consultora Labour, Capital and Growth (LCG), el aumento en alimentos y bebidas alcanzó un 2,4%, con un aumento total en el mes que llegó a un 3%, impulsado especialmente por la primera quincena, en la que el salto del dólar generó presiones inflacionarias adicionales.
En paralelo, la consultora EcoGo estimó que la inflación mensual general podría rondar el 2,1%, incorporando aumentos tanto en productos consumidos dentro del hogar (+2,3%) como fuera del mismo (+3,2%). De esta manera, el rubro alimentos representó un incremento global de cerca del 2,5% en el período.
El análisis detallado muestra disparidad sectorial: las frutas subieron un 6%, con la manzana liderando la escalada con un 2,4% solo en la última semana, y las bebidas ascendieron un 4,6%. Por el contrario, los lácteos y huevos bajaron un 0,5% y el azúcar, miel y dulces se contrajeron un 1,7%, marcando tendencias mixtas que apuntalan los movimientos de precios.
Desde LCG se indicó que los productos sin variación de precio representan cerca del 70% de la canasta de alimentos, pero el impacto de bebidas y carnes sigue empujando la inflación al alza, con un peso relevante que dificulta una baja general.
Este comportamiento mantiene la tensión inflacionaria en un contexto donde los precios de los alimentos constituyen aproximadamente el 23% del Índice de Precios al Consumidor (IPC) en el Área Metropolitana de Buenos Aires, seguido por transporte y servicios.
El infructuoso control de la inflación alimentaria pone en alerta a hogares y consumidores, dado que afecta directamente la canasta básica y la capacidad adquisitiva, especialmente de los sectores más vulnerables.
Proyecciones oficiales y de analistas anticipan una inflación acumulada anual que podría situarse cerca del 40%, con expectativas de desaceleración no inmediata, manteniendo la inflación en alimentos como un desafío central para la economía y la política macroeconómica.