Vivir un momento y luego…

El respaldo estadounidense brinda un respiro momentáneo al gobierno, pero la verdadera batalla se libra en el terreno político. Nota de opinión de Luis Domenianni.

FOTO: (Xinhua/Li Rui)/NA.
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NOTA DE OPINIÓN –
LUIS DOMENIANNI, Periodista


El gobierno experimenta una alegría forzada ante el apoyo recibido del presidente estadounidense Donald Trump y del secretario del Tesoro Scott Bessent.
Sin embargo, esta alegría no disimula la profunda preocupación frente a la desconfianza del mercado sobre la sustentabilidad política del modelo económico.

Ya no se trata solo de economía, aunque es necesario vigilar la evolución de algunas variables, sino principalmente de política, un terreno donde el gobierno exhibe falencias alarmantes. El presidente Javier Milei, gracias al respaldo norteamericano, acaba de superar un juicio político improbable, impulsado por el kirchnerismo, y evitó una renuncia casi inevitable si el dólar se hubiera disparado a niveles indeterminados.

A un mes de las elecciones, el gobierno —y el propio Milei— muestran una caída en las encuestas. Este descenso plantea un interrogante para el futuro: con menos legisladores oficialistas de lo previsto hace meses, ¿qué hará el gobierno? ¿Negociará? No tiene otra opción, pero ¿podrá? ¿querrá?

El salvataje norteamericano parece suficiente solo para frenar una corrida cambiaria, pero no basta para evitar una concertación con la oposición no destituyente. Milei vulneró, aunque no fue el único, una premisa básica de la democracia: el gobierno de mayorías. Si estas no son propias, deben conformarse mediante diálogo y negociación.

El hiperpresidencialismo argentino tiende a considerar la elección presidencial como la única determinante, y el ganador final suele creer que puede concentrar el poder público en su persona. Esta confusión proviene del sistema electoral a doble vuelta: quien gana obtiene más del 50% de los votos emitidos, pero no necesariamente mayorías legislativas. En el caso de Milei, lo grave fue que nunca consideró necesarias esas mayorías, y ahora que las requiere, no las tiene.

El panorama electoral argentino se perfila nuevamente dividido en tres tercios: un tercio para el gobierno, otro para el kirchnerismo y un último para los gobernadores agrupados en Provincias Unidas. De confirmarse esta distribución, todo deberá ser objeto de negociación.

Los temas en discusión serán jubilaciones, adelantos a provincias, obras públicas, universidades y ciencia, probablemente afectando el equilibrio fiscal tanto promocionado por el presidente. Un equilibrio que el mismo gobierno comprometió con la eliminación momentánea de las retenciones agrícolas. Al fin y al cabo, enfrentamos un gobierno dispuesto a quemar divisas para mantener al dólar dentro de bandas, sin novedades bajo el sol.

A un mes de las legislativas, el vociferante Milei y su reducido círculo cercano están a la defensiva: frente a legisladores, mercados y probablemente electores. El apoyo de Trump puede ser crucial en lo inmediato, pero la gran pregunta es: ¿y después?

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