— Y en ese camino, están abriendo paso para que futuras generaciones de humoristas tengan el camino más allanado. Ahora, si trasladamos esto a las redes sociales, donde hay tanto hate y comentarios negativos, ¿cómo te llevás con eso?
— La verdad, no le doy mucha bola porque me hace mal. En general, el 99% de los comentarios que recibimos en Las Chicas de la Culpa son buena onda, gente que se ríe y disfruta. Pero siempre aparece ese 1% que te dice “qué ordinarias”. Si yo me quedo en ese 1%, la boluda soy yo. Al fin y al cabo, estamos hablando de un chiste, no me jodas.
Ahora, si el hate es algo personal, vinculado a mi vida privada o a mi pareja, ahí sí me puede tocar y quizás conteste. Pero nunca me pasó algo muy concreto. Si algún día se arma un quilombo mediático de esos que te buscan con un móvil, yo abandono el móvil, me desmayo ahí mismo.
— Y estás ahora haciendo más allá de que estás con las chicas de La Culpa, ¿estás haciendo una obra con Eduardo Blanco dirigida por Juan José Campanella? ¿Ya habías trabajado con ellos? Contame sobre esta experiencia.
— Bueno, es espectacular para mí. Fue como un llamado sorpresivo, hace como un año. Campanella me dice: “Mirá, tengo esta obra, creo que el personaje de la chica lo podés ejecutar muy bien, sobre todo en los chistes, en cómo están escritos”. Yo empecé a leer y me reía, porque sí, era muy yo, cómo le contestaba al hombre, y aparte con Edu. Es una comedia dramática, tiene mucho drama, y para mí era todo un desafío.
Yo confiaba plenamente. Me entrego, hago esto, y si Campanella dice que sí, yo voy para adelante. Lo había entrenado mucho en mis épocas de estudiante, pero ya pasaron 20 años. Después elegí hacer humor, siempre fue mi elección, aunque estudié las partes más dramáticas en la facultad. Hacía mucho que no entrenaba esa fibra, y fue maravilloso, porque es un gran entrenamiento. Estamos de miércoles a domingos; así como entrenás la comedia, entrenás el drama que yo no tenía entrenado. Lo tomo como una escuela: esta parte ya la tengo entrenada hace 15 años, vamos, y voy descubriendo estas mutaciones también en el drama.
— Sí, y también puede ser el puntapié para otros proyectos futuros, ¿no? Digo, esto que hablábamos al principio de que vos te definís como actriz.
— Sí, me gustaría poder desarrollar esa parte más dramática en teatro. Me sigue gustando más la comedia, pero fue una cuestión de elección. En teatro, si me das a elegir, prefiero la comedia. Me gusta ir a la risa. Escuchar a la gente riéndose de lo que uno hace me da energía y me despierta.
— Y si no fueras actriz, ¿en qué universo paralelo estarías? ¿Cuál crees que sería tu rumbo?
— Yo creo que sería muy buena atendiendo un bar, por ejemplo, en la barra. Más de barrio, conocer gente, como cuando vendía ropa en un local mientras estudiaba la facultad. Me gustaba eso de ser anfitriona. También soy buena ordenando espacios; hay algo que me encanta de las cosas de la casa, aunque no cocinar, no, eso no me gusta para nada.
— Y para cerrar, ¿Moria o Susana?
— ¡Ay, qué difícil! Vamos con Moria, porque ama a las chicas de La Culpa.
— Le mandamos un beso a Susana también.
Obvio, Susana también, pero Moria, una vez nos invitó a su programa de streaming y estuvo buenísimo. Nos dijo que las chicas de La Culpa éramos las nuevas brujas, como el elenco de hace 30 años. Para nosotras fue como ¡wow! Nos miraba y nos decía sí, sí, son las nuevas. Nos dio una bendición, como un manto de eternidad.
Entre risas, recuerdos y anécdotas de escenario, Fer Metilli nos deja ver que, más allá de los desafíos y cambios en la comedia, lo que realmente la mueve es compartir la risa con el público. Y mientras alterna entre proyectos de humor y drama, deja algo claro: donde haya un chiste que contar, ella estará ahí, disfrutando de cada carcajada.