Este comportamiento es más frecuente en los ejemplares considerados “superdotados” con gran capacidad de aprendizaje verbal.
Es uno de los actos más tiernos del universo canino: le hablas a tu perro, y este ladea la cabeza como si estuviera absorbiendo cada una de tus palabras. Este comportamiento, largamente atribuido a la curiosidad o a un intento por mejorar la audición, ha sido objeto de estudio reciente por parte de etólogos y científicos del comportamiento. La conclusión principal es que la inclinación de la cabeza es un indicador de que el animal está concentrado en descifrar e interpretar el mensaje humano.
El Mecanismo de la Audición y la Visión
La primera teoría, más física, postula que el movimiento ayuda a los perros a identificar la procedencia de un sonido con mayor precisión, especialmente si este es nuevo o si hay ruido de fondo. Al ladear la cabeza, cambian el ángulo de entrada del sonido a sus pabellones auditivos, lo que les permite “escanear” la fuente.
Sin embargo, los expertos señalan que el factor visual es igualmente crucial. El gesto puede ser un intento por obtener una mejor perspectiva de la cara de su dueño, facilitando la lectura de las expresiones faciales y el lenguaje corporal. Los perros son detectores innatos del lenguaje no verbal, y al girar la cabeza, podrían estar buscando sutiles señales que les ayuden a confirmar si el mensaje es una felicitación, una orden o una simple charla.
La Conexión con la Inteligencia Verbal
La evidencia más fascinante proviene de estudios que vinculan este gesto a la inteligencia y el aprendizaje verbal. Una investigación de la Universidad de Eötvös en Budapest concluyó que el ladeo de la cabeza está directamente relacionado con el esfuerzo que realiza el perro para “ligar” la palabra que escucha con el objeto que representa.
Durante los experimentos, se observó que los perros que mejor recordaban los nombres de sus juguetes, como los Border Collies (considerados de alta capacidad cognitiva), inclinaban la cabeza mucho más seguido que otros. Específicamente, los ejemplares “superdotados” ladeaban la cabeza hasta el 43% del tiempo, mientras que el resto lo hacía en apenas el 2%. Esto sugiere que el movimiento es una manifestación externa de un intenso proceso mental de recuerdo y asociación de la orden o palabra con su imagen visual.
Así, la próxima vez que tu perro te ofrezca su tierno gesto, sabrás que no solo está siendo adorable, sino que está utilizando activamente su cerebro en un complejo proceso de interacción y comunicación contigo, demostrando su aguda inteligencia.