El Gobierno nacional enfrentaba un desafío clave: vencimientos por $14,6 billones que debía renovar sin contar con depósitos suficientes en el Banco Central (BCRA), que sumaban solo $4,4 billones.
Sin embargo, la Secretaría de Finanzas, bajo la conducción de Leandro Lew, logró adjudicar $13,99 billones, representando un rollout del 96,48% respecto a los vencimientos del día.
Este resultado fue considerado conforme a las expectativas, dado que la falta de pesos en las reservas y la estacionalidad condicionaron una licitación cercana, pero no totalmente igual, al 100% de refinanciación.
La licitación de deuda se estructuró en varios instrumentos financieros: Lecap y Boncap con vencimientos entre febrero de 2026 y abril de 2027 y tasas TIREA entre 34% y 37%, CER con tasas del 7,3% a 7,8%, Tamara con margen del 4%, y dólar linked que quedó desierto.
La preferencia del mercado se concentró en letras a tasa fija y en aquellos ajustables con encajes remunerados, destacándose el rol clave de bancos en la renovación de la deuda. Según Matías Waitzel, socio de AT Inversiones, el Tesoro privilegiaba “el rolleo en pesos a tasa fija” y ratificó el protagonismo del segmento Lecap/Boncap.
Analistas como Lucio Garay Méndez y Christian Buteler coinciden en que la licitación fue positiva y que la estrategia de deuda logró estirar plazos, lo cual es favorable para evitar concentrar renovaciones en períodos cortos.
La baja en la tasa que el Banco Central paga en operaciones simultáneas, reducida al 20%, y la flexibilización de encajes bancarios se inscriben en el marco para estimular el crédito y la actividad económica luego del “apretón monetario” electoral.