De Córdoba al mundo: el cuarteto es Patrimonio Cultural de la Humanidad

La UNESCO reconoció al cuarteto como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, marcando un hito para el género originario de Córdoba. La decisión honra su historia de más de ocho décadas y su valor como fenómeno social y popular que trasciende fronteras.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) inscribió al cuarteto en su prestigiosa lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, otorgando un reconocimiento internacional largamente esperado a este género musical popular. La decisión no solo celebra la singularidad rítmica del cuarteto, sino que valida su profunda conexión con la identidad social argentina, especialmente en su cuna, la provincia de Córdoba. Este hito es visto como la reivindicación definitiva de una expresión cultural que durante décadas fue marginalizada o subestimada por los circuitos centrales de la música nacional, demostrando que lo popular también es patrimonio.

Nacido en la década de 1940, el cuarteto surgió como una vibrante fusión de influencias migratorias y ritmos europeos. Los pioneros, encabezados por el Cuarteto Leo, combinaron inicialmente elementos de la tarantela italiana y el pasodoble español, dando forma a un sonido instrumental y bailable único. Su formación clásica se basó en el piano, el acordeón, el bajo y el violín, generando una estructura armónica simple pero con un ritmo contagioso y sincopado que pronto se apoderó de los salones de baile de la zona. Su matriz festiva e ininterrumpida fue clave para su rápida expansión desde el interior del país.

Con el paso de las décadas, el cuarteto evolucionó de ser un fenómeno de orquestas típicas de campo a convertirse en una masiva cultura de baile y espectáculo, especialmente desde el auge de figuras icónicas. Artistas como Carlos “La Mona” Jiménez y el recordado Rodrigo transformaron el género, inyectándole letras que narraban historias de la vida cotidiana, el barrio y el sentir popular. Este cambio consolidó al “cuartetero” como un cronista social, cuyo éxito no se medía solo en ventas, sino en la capacidad de llenar bailes masivos, transformando el ritual del baile en un potente agente de cohesión comunitaria que rompe barreras de clase.

La inclusión del cuarteto en la lista de Patrimonio Inmaterial subraya que su valor no reside únicamente en la música, sino en las tradiciones asociadas, los saberes y las prácticas sociales que lo rodean. La UNESCO reconoció la función del género como un espacio de resistencia cultural y como un fenómeno inclusivo que atraviesa todas las clases sociales, sirviendo de banda sonora a varias generaciones de argentinos. Esta distinción otorga a Argentina la responsabilidad de proteger, difundir y transmitir este legado, asegurando su supervivencia y desarrollo más allá de las fronteras regionales como un activo inmaterial de la nación.

El reconocimiento internacional pone el foco sobre la necesidad de formalizar la enseñanza y la documentación del género, garantizando que su historia no se pierda. Aunque el cuarteto goza de una salud envidiable en términos de popularidad y renovación (con nuevos exponentes que mezclan el ritmo con géneros modernos), la etiqueta de Patrimonio impone el desafío de balancear la tradición con la innovación. El “tunga-tunga” de Córdoba, ahora global, debe ser gestionado como un tesoro cultural, uniendo definitivamente la música popular con la historia formal y asegurando su preservación a largo plazo.

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