El proceso de envejecimiento conlleva alteraciones cognitivas que impactan directamente en la capacidad de respuesta al conducir. Una investigación conjunta entre la Fundación Mapfre y el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona ha analizado este fenómeno, determinando que, aunque cada individuo evoluciona de forma distinta, existe un umbral crítico donde el riesgo para la seguridad vial se incrementa notablemente. El estudio subraya que la transición hacia el cese de la conducción debe abordarse mediante un diálogo sincero entre los adultos mayores, sus familias y los profesionales de la salud.
Los datos revelan una discrepancia significativa en la percepción del retiro: mientras que casi la mitad de los exconductores admite haber dejado las llaves por presión de su entorno, el 74% de los familiares sostiene que la decisión fue forzada por el evidente deterioro físico o mental. Entre los factores determinantes para abandonar el vehículo destacan los fallos de memoria, las complicaciones en el manejo operativo del auto y diagnósticos de demencia. Esta etapa suele vivirse con una fuerte carga negativa, ya que perder la licencia simboliza para muchos la pérdida definitiva de su autonomía e independencia personal.
De acuerdo con la muestra analizada, la edad promedio en la que las personas se retiran de la conducción se sitúa en torno a los 75 años. Para garantizar una movilidad segura en las etapas previas, los especialistas sugieren una serie de pautas preventivas:
Realizar evaluaciones psicofísicas exhaustivas con regularidad.
Evitar circular durante la noche, en horas de alta congestión o bajo climas inestables.
Trasladarse acompañados siempre que las circunstancias lo permitan.
Consultar estrictamente sobre los efectos secundarios de los fármacos en los reflejos.
En el contexto local, la normativa argentina endurece las exigencias de renovación a medida que avanza la edad. A partir de los 65 años, el período de validez del registro se acorta, y desde los 70 años, la vigencia es de apenas doce meses. En cada renovación, los aspirantes deben superar exámenes de aptitud visual, auditiva y psíquica, además de revalidar sus conocimientos teóricos y demostrar destreza en pruebas prácticas de manejo, asegurando que solo quienes mantengan sus capacidades intactas sigan circulando por la vía pública.