El cierre de 2025 encuentra a Caracas sumergida en una paradoja visual: calles adornadas con motivos festivos desde octubre frente a un despliegue militar estadounidense sin precedentes en el Caribe. Mientras el Gobierno de Nicolás Maduro intenta proyectar una imagen de normalidad con celebraciones populares, la realidad fronteriza es crítica, con incursiones de drones y aeronaves de combate que mantienen al país en un estado de alerta permanente. Este escenario de fricción geopolítica obligó incluso a una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU en vísperas de Nochebuena debido a la captura de buques petroleros en aguas internacionales.
En las barriadas y comercios, el lenguaje de la sociedad se ha transformado en un sistema de códigos para evitar la censura y la persecución. Las conversaciones sobre un posible cambio político se dan en voz baja, mientras la población se refugia en la desconexión informativa para mitigar la angustia. Esta actitud evasiva responde también a un endurecimiento del marco legal, con la reciente aprobación de leyes que penalizan a quienes respalden las sanciones externas, sumado a la detención de una veintena de comunicadores, lo que ha silenciado gran parte de la prensa independiente.
La crisis ha golpeado severamente la conectividad aérea, profundizando el encierro del país. Tras las advertencias de seguridad sobre el espacio aéreo venezolano, aerolíneas internacionales como Iberia y Air Europa extendieron la cancelación de sus rutas hasta finales de enero. Esto ha forzado a los viajeros a realizar trayectos extenuantes por tierra hacia Colombia para poder salir o entrar al territorio, consolidando un cerco diplomático y logístico que recuerda a los momentos más oscuros de la crisis migratoria.
A nivel doméstico, la supervivencia económica es el desafío cotidiano. Ante la desaparición del crédito bancario tradicional, plataformas de financiamiento alternativo se han convertido en el motor del consumo navideño, permitiendo a las familias adquirir bienes básicos o regalos en cuotas. A pesar del optimismo oficialista en actos públicos y los mensajes de esperanza de la oposición desde la clandestinidad, los pronósticos financieros para 2026 son sombríos, anticipando una fuerte contracción debido al desplome de los ingresos petroleros bajo el nuevo esquema de bloqueos.