Desde la Basílica de San Pedro, el Papa León XIV presidió la ceremonia inaugural del 2026, jornada que coincidió con la 59ª edición del día dedicado a la concordia internacional. En su intervención, el líder de la Iglesia Católica abogó por el cese de las hostilidades en las regiones devastadas por los enfrentamientos bélicos, subrayando que la verdadera redención de la humanidad no se alcanza mediante el perfeccionamiento del armamento ni a través de la exclusión del prójimo. Por el contrario, instó a las naciones a adoptar una postura de hospitalidad y comprensión mutua para detener la espiral de odio que aqueja a la sociedad actual.
En este primer inicio de ciclo de su pontificado, el Obispo de Roma describió los meses venideros como un trayecto inexplorado que debe recorrerse bajo la premisa de la misericordia. Ante una multitud de cinco mil creyentes, enfatizó que el cambio de calendario representa el momento ideal para transformar la propia existencia, sustituyendo el juicio por el perdón. Según sus palabras, la paz no es solo un objetivo diplomático entre estados, sino una conducta que debe nacer en la intimidad de las familias y en los hogares donde el dolor o la violencia han dejado cicatrices.
Durante el oficio religioso, el Pontífice dedicó palabras de reconocimiento a las movilizaciones civiles que promueven el fin de las armas, mencionando específicamente los esfuerzos colectivos realizados en ciudades como Catania y los encuentros organizados por la Comunidad de Sant’Egidio. Estas acciones fueron puestas como ejemplo de una voluntad social que busca sustituir las proclamas ideológicas por una libertad auténtica y desinteresada. Su mensaje se centró en la necesidad de construir puentes de fraternidad que logren unir a los pueblos por encima de las fronteras en conflicto.
La ceremonia también sirvió para reflexionar sobre los duros acontecimientos que marcaron el cierre del año anterior, incluyendo el fallecimiento de Francisco y la persistencia de retóricas belicistas que utilizan la religión como fachada para la destrucción. León XIV denunció la hipocresía de los discursos que justifican la muerte y reiteró su compromiso con un modelo de convivencia basado en la lealtad y el respeto humano. Con este pronunciamiento, el Vaticano marca una línea clara en su agenda externa, priorizando la mediación y el alivio del sufrimiento en los territorios en crisis.