El peronismo de la provincia de Buenos Aires atraviesa semanas decisivas marcadas por el diálogo intenso y la búsqueda de consensos para redefinir su cúpula directiva. Con el vencimiento del plazo para la oficialización de nóminas fijado para el 8 de febrero, el espacio se debate entre la conformación de una propuesta de unidad o la competencia directa en las urnas partidarias. Desde el entorno de Axel Kicillof se ha fijado una postura tajante que excluye la posibilidad de que Máximo Kirchner extienda su mandato al frente del consejo provincial, exigiendo un recambio generacional que sintonice con las nuevas ambiciones territoriales del mandatario bonaerense.
Aunque el receso estival suele enfriar la actividad pública, la ingeniería política del Movimiento Derecho al Futuro trabaja en el posicionamiento de figuras clave para el relevo. La vicegobernadora Verónica Magario surge como una de las opciones más sólidas, respaldada por gestos recientes de cercanía con el Ejecutivo en el bastión de La Matanza. No obstante, la danza de nombres incluye también al ministro Gabriel Katopodis y al intendente de La Plata, Julio Alak, quienes representan perfiles de gestión con llegada a diversos sectores del conurbano y el interior.
Por su parte, el sector referenciado en la ex vicepresidenta Cristina Kirchner baraja alternativas que podrían tender puentes de entendimiento, mencionando a jefes comunales como Leonardo Nardini o Federico Otermín. La viabilidad de estas candidaturas dependerá de la capacidad de los negociadores para evitar una confrontación abierta el próximo 15 de marzo, fecha prevista para los comicios. Existe una conciencia colectiva sobre las dificultades logísticas y políticas que implicaría movilizar el padrón en el actual contexto socioeconómico, sumado a las dudas técnicas sobre la validación de las nuevas afiliaciones.
La arquitectura de la Junta Electoral, diseñada con un sistema de pesos y contrapesos que impide el avance unilateral de cualquier facción, obliga a las partes a sentarse a la mesa de diálogo. Mientras Kicillof intenta proyectar una imagen de gestión enfocada en la gobernanza, su equipo estratégico entiende que el control del aparato partidario es un pilar simbólico indispensable para consolidar su liderazgo de cara a los desafíos electorales de 2027. Las próximas cuatro semanas serán el escenario donde se mida la capacidad del justicialismo provincial para resolver sus fisuras internas sin fracturar la estructura que hoy sostiene al gobierno bonaerense.