Genios de cuatro patas: la ciencia confirma que los perros pueden aprender como niños

Un estudio revolucionario ha revelado que ciertos caninos, denominados “superdotados”, poseen la capacidad de adquirir vocabulario nuevo con una velocidad y un mecanismo cognitivo sorprendentemente similar al de los humanos de corta edad.

La conexión entre el ser humano y el perro ha dado un salto cualitativo en los laboratorios de neurociencia cognitiva. Investigadores especializados en el comportamiento animal han documentado que algunos ejemplares, conocidos como “Gifted Word Learner” (GWL), son capaces de aprender el nombre de un objeto tras escucharlo apenas unas pocas veces. Este fenómeno, que hasta hace poco se creía exclusivo de la infancia humana, se denomina “mapeo rápido”, un proceso mental que permite vincular un sonido específico con un referente visual de forma casi instantánea, sin necesidad de un entrenamiento repetitivo y extenuante.

Para el dueño promedio de una mascota, la idea de que un perro “entiende todo” suele ser una percepción subjetiva; sin embargo, para la ciencia, se trata de una habilidad cognitiva superior que no todos los perros poseen. Los estudios demuestran que, mientras la mayoría de los canes requieren cientos de repeticiones para fijar un comando, estos individuos superdotados pueden retener nombres de juguetes y categorías de objetos con una precisión asombrosa. Esta diferencia sugiere que existe una variabilidad en el procesamiento neuronal de la información lingüística dentro de la misma especie, similar a las altas capacidades detectadas en humanos.

El proceso de aprendizaje en estos perros no se basa únicamente en la asociación mecánica por recompensa. La investigación sugiere que los perros superdotados utilizan pistas sociales y contextuales para deducir el significado de una palabra nueva. Por ejemplo, si se les pide un objeto cuyo nombre no conocen de entre un grupo de objetos familiares, son capaces de utilizar el razonamiento por exclusión para identificarlo. Esta flexibilidad cognitiva es la misma que permite a un niño de dos años expandir su léxico de manera exponencial en poco tiempo, marcando una convergencia evolutiva entre dos especies que han convivido por milenios.

Desde una perspectiva analítica, este descubrimiento invita a reflexionar sobre cómo la domesticación ha moldeado el cerebro canino para sintonizar con la comunicación humana. Los perros GWL suelen pertenecer a razas de trabajo como el Border Collie, aunque la superdotación se ha observado en diversas genealogías. Lo relevante para el público adulto y profesional interesado en la ciencia es que estas capacidades no son solo trucos de feria, sino indicadores de una arquitectura mental compleja que procesa la estructura simbólica del lenguaje de una manera mucho más sofisticada de lo que la psicología conductista tradicional admitía.

El 2026 se perfila como un año clave para la etología cognitiva. Comprender los mecanismos detrás de la inteligencia de estos perros superdotados no solo nos ayuda a ser mejores entrenadores o compañeros, sino que arroja luz sobre los orígenes biológicos del lenguaje. Si un perro puede realizar mapeos rápidos de palabras, significa que los cimientos de la comunicación simbólica podrían ser más antiguos y estar más extendidos en el reino animal de lo que nuestra soberbia antropocéntrica nos permitió ver durante siglos.

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