Olas gigantes en la Costa: la historia de un fenómeno sin tregua

El reciente meteotsunami que enlutó a Mar Chiquita reabre el archivo de eventos similares ocurridos en 1954 y 2022. Aunque comparten un origen meteorológico idéntico, la combinación de horario, densidad de turistas y potencia de la ola convirtió al suceso de este lunes en la primera tragedia fatal de esta naturaleza en el litoral bonaerense.

La tragedia ocurrida este lunes en las playas de Santa Clara del Mar y Mar Chiquita ha dejado de ser un evento aislado para inscribirse en una inquietante cronología de la Costa Atlántica. Lo que la ciencia denomina meteotsunami —una ola de gran magnitud generada por cambios bruscos en la presión atmosférica— ya había visitado la región en 1954 y 2022. Sin embargo, a diferencia de los antecedentes, el fenómeno actual se cobró la vida de Yair Manno, un joven de 29 años, transformando un registro histórico de curiosidades naturales en una catástrofe humanitaria.

El primer gran antecedente se remonta al 21 de enero de 1954. Aquel día, Mar del Plata fue testigo de tres olas gigantes que elevaron el nivel del mar un metro en apenas seis minutos, barriendo con toldos y sombrillas en las playas del centro. A pesar de los cien heridos leves y las escenas de pánico, no hubo víctimas fatales. Durante décadas, el hecho fue recordado por los marplatenses como un relato casi mitológico, una “ola loca” que nadie podía explicar pero que, con el tiempo, la ciencia logró categorizar como el primer meteotsunami documentado en el país.

Incidente del año 2022 filmado por la cámara de una de las playas durante la madrugada.

Más cerca en el tiempo, el 8 de diciembre de 2022, el mar volvió a rugir de madrugada en la zona de Punta Mogotes. En esa ocasión, la fuerza del agua fue considerablemente destructiva para la infraestructura de los balnearios, destrozando carpas y mobiliario playero. Sin embargo, la ausencia de turistas por el horario evitó que se lamentaran lesiones personales. La tragedia de 2026, por el contrario, reunió todos los factores críticos: ocurrió en plena tarde, con un calor agobiante que empujó a miles de bañistas al mar, y con una ola que alcanzó los cinco metros de altura, según testigos.

Expertos del Inidep y Defensa Civil coinciden en que estos fenómenos son extremadamente difíciles de predecir, ya que no responden a movimientos sísmicos detectables, sino a perturbaciones atmosféricas invisibles hasta que tocan la costa. La gran diferencia entre los tres episodios radica en la exposición humana. Mientras que en 2022 el horario fue el salvador, en 1954 la potencia de la ola fue menor. Este lunes, el mar no dio tiempo a la evacuación, arrastrando a los veraneantes hacia zonas profundas y rocosas en cuestión de segundos.

La recurrencia de estas “olas vagabundas” obliga a repensar los protocolos de seguridad estival. La historia demuestra que la Costa Atlántica, habitualmente mansa, puede verse alterada por estos pulsos oceánicos impredecibles. El saldo de 35 heridos y un fallecido marca un hito doloroso que exige integrar el monitoreo de la presión atmosférica a los sistemas de alerta costera. La naturaleza ha dejado de enviar advertencias para imponer una realidad que ya forma parte de la memoria más trágica de nuestro litoral.

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