El reciente informe sobre Perspectivas Económicas Globales revela que, aunque la actividad planetaria muestra una resiliencia inesperada, el ritmo de crecimiento actual resulta insuficiente para sacar a millones de personas de la pobreza. El organismo multilateral ajustó levemente al alza sus pronósticos, estimando un avance del 2,6% para este ciclo y un 2,7% para el próximo año. Sin embargo, estas cifras ocultan una realidad preocupante: el mundo transita su periodo de mayor debilidad productiva desde los años sesenta, con una recuperación que beneficia mayoritariamente a las naciones industriales, mientras los mercados emergentes luchan por no quedar rezagados definitivamente.
La mejora en las expectativas globales responde principalmente al dinamismo de Estados Unidos, impulsado por la carrera tecnológica en Inteligencia Artificial. No obstante, el Banco Mundial advierte que este impulso no es contagioso. Para las economías en desarrollo, el panorama se ensombrece debido a niveles récord de endeudamiento y una parálisis en las reformas estructurales necesarias. Indermit Gill, vicepresidente del organismo, señaló que la desconexión entre la estabilidad política y el vigor económico no podrá sostenerse sin poner en riesgo los mercados crediticios. En este escenario, la renta por habitante en los países de menores ingresos apenas roza el 1% de lo que percibe un ciudadano en una economía avanzada, ensanchando una división social que parece difícil de revertir en el corto plazo.
De cara al futuro inmediato, la gestión de los déficits fiscales y la integración de 1.200 millones de jóvenes al mercado de trabajo aparecen como los retos más apremiantes para las periferias globales. Los técnicos de Washington subrayan que, sin una inversión masiva en capital humano y una desburocratización del comercio privado, el estancamiento será la norma. La institución insta a los gobiernos a implementar reglas financieras rigurosas que permitan generar ahorros durante los periodos de bonanza, evitando así que las crisis geopolíticas y las fluctuaciones de las materias primas sigan erosionando el bienestar de las poblaciones más vulnerables.