El funcionamiento de la memoria asociativa
La memoria de los gatos opera de manera distinta a la humana, ya que se basa principalmente en la asociación de estímulos sensoriales con experiencias de supervivencia. Los felinos no poseen una memoria episódica que les permita evocar recuerdos de forma voluntaria, sino que reaccionan ante olores, sonidos y rutinas que vinculan con la seguridad física o la obtención de alimento.
Especialistas en medicina veterinaria explicaron que un gato puede retener la imagen mental de una persona mientras esa conexión sea funcional para su bienestar. Cuando un dueño desaparece de su entorno cotidiano, el animal inicia un proceso de sustitución. Si el nuevo ambiente satisface sus necesidades de protección y alimentación, el recuerdo del antiguo cuidador tiende a difuminarse para dar prioridad a la adaptación inmediata.
Factores que determinan el tiempo de recuerdo
No existe un plazo único para el olvido, pero las observaciones clínicas permitieron establecer ciertos rangos. Para vínculos que no fueron profundos, un gato podría dejar de reaccionar ante estímulos del antiguo dueño en un periodo de dos a cuatro semanas.
Sin embargo, en casos donde existió un fuerte apego emocional y una rutina consolidada, el animal fue capaz de reconocer voces o aromas familiares incluso tras largos periodos de ausencia.
La veterinaria Nuria Roig señaló que el recuerdo se sustenta en el refuerzo positivo. Por el contrario, las experiencias traumáticas suelen grabarse con mayor persistencia como un mecanismo de defensa. Esto implica que un gato no olvida a alguien que representó una amenaza con la misma rapidez con la que podría olvidar a un cuidador neutral.