La reciente decisión de la líder venezolana María Corina Machado, galardonada con el Premio Nobel de la Paz, de ceder su medalla y diploma al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha generado una respuesta oficial de la Fundación Nobel.
A través de un comunicado, la organización buscó trazar una línea clara entre el objeto físico y el reconocimiento histórico que conlleva la distinción.
Bajo el título “El Premio Nobel y el laureado son inseparables”, la Fundación explicó que el estatus de ganador es intransferible por naturaleza.
“El premio en sí mismo —el honor y el reconocimiento— permanece inseparablemente vinculado a la persona u organización designada como laureada por el Comité Noruego del Nobel”, reza el documento.
De esta manera, aunque Machado haya entregado los símbolos físicos a Trump, ella seguirá figurando en los libros de historia como la única titular del galardón.
Una distinción irrevocable
El comunicado es enfático al señalar que la identidad del premiado no puede alterarse por acciones posteriores.
“Un laureado no puede compartir el premio con otros, ni transferirlo una vez que ha sido anunciado. Un Premio Nobel de la Paz tampoco puede ser revocado jamás. La decisión es final y se aplica para siempre”, subrayó la institución, dejando claro que el gesto político de Machado no convierte a Donald Trump en co-laureado ni en titular del premio.
Sin embargo, la Fundación también reconoció que, en términos legales, no existen impedimentos para que un premiado disponga de su patrimonio.
“No hay restricciones en los estatutos de la Fundación Nobel sobre lo que un laureado puede hacer con la medalla, el diploma o el dinero del premio. Esto significa que un laureado es libre de conservarlos, regalarlos, venderlos o donarlos”, detalló el texto.

Antecedentes históricos
Para contextualizar la situación, la Fundación recordó otros casos de cesión o venta de medallas. Mencionó desde el gesto humanitario de Dmitry Muratov, quien vendió su medalla por 103,5 millones de dólares para ayudar a niños refugiados ucranianos, hasta el polémico caso de Knut Hamsun.
El autor noruego, en 1943, envió su medalla al ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, tras una reunión en Alemania.
Finalmente, el Comité Noruego del Nobel reafirmó su neutralidad política, declarando que no es su rol comentar sobre las acciones o decisiones cotidianas de los premiados.
La medalla, una pieza de oro de 18 quilates con la inscripción latina pro pace et fraternitate gentium (“por la paz y la fraternidad de las naciones”), seguirá simbolizando el logro de Machado, independientemente de quién posea el metal precioso.