Los riesgos de interrumpir fármacos para la obesidad según la Universidad de Oxford

Un estudio en el British Medical Journal revela que el efecto rebote tras dejar inyecciones como la semaglutida es el doble de rápido que al abandonar una dieta. El peso perdido regresa en menos de dos años si no hay cambios permanentes.

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Un reciente estudio publicado en el British Medical Journal (BMJ) ha revelado datos contundentes sobre las consecuencias de suspender el uso de medicamentos inyectables para la pérdida de peso, como la semaglutida. La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Oxford, comparó la velocidad con la que los pacientes recuperan los kilos perdidos tras abandonar estos fármacos frente a quienes interrumpen una dieta tradicional. El hallazgo principal indica que el denominado “efecto rebote” es significativamente más agresivo y veloz en los usuarios de medicación inyectable.

Una comparativa temporal preocupante

A través de un análisis matemático que involucró a más de 9.000 participantes, los expertos determinaron que la ganancia de peso tras dejar las inyecciones ocurre en menos de la mitad del tiempo que tras dejar un régimen alimentario. Según las proyecciones del British Medical Journal, un paciente que cesa el tratamiento farmacológico retorna a su peso inicial en aproximadamente 1,7 años. En contraste, aquellos que adelgazaron solo con cambios dietéticos tardan, en promedio, 3,9 años en recuperar la masa corporal perdida.

El desafío de la cronicidad biológica

La cronicidad de la obesidad es el factor determinante detrás de estos resultados. Los especialistas consultados subrayan que fármacos como la semaglutida no actúan como una cura definitiva, sino como moduladores de síntomas biológicos. Al interrumpir el suministro, el organismo pierde el estímulo que regula la saciedad y el metabolismo, lo que deriva en una regresión casi inevitable. De hecho, los indicadores de salud cardiometabólica que suelen mejorar con el tratamiento regresan a sus niveles críticos en tan solo 1,4 años tras la última dosis.

Hábitos vs. Farmacología

Aunque la medicación permite alcanzar metas de peso en tiempos récord, la evidencia recolectada por el British Medical Journal sugiere que la falta de un cambio profundo en el estilo de vida condena al fracaso tras la suspensión. Solo un porcentaje inferior al 10% de los pacientes logra mantener los resultados sin asistencia química, generalmente aquellos que consolidan rutinas estrictas de ejercicio y alimentación saludable. Para la gran mayoría, la semaglutida se presenta como una herramienta de por vida, similar a los tratamientos para la hipertensión o la diabetes, donde el abandono del “bastón” terapéutico conlleva una recaída inmediata.

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