Colesterol: por qué la delgadez y el ejercicio no son un “seguro de vida” para el corazón

La salud cardiovascular esconde trampas que desafían la lógica del sentido común. Un reciente informe de salud advierte sobre los conceptos erróneos que llevan a pacientes aparentemente sanos a sufrir eventos cardíacos inesperados.

Existe una creencia profundamente arraigada en que tener un cuerpo tonificado o una rutina diaria de gimnasio nos vuelve inmunes a las afecciones del corazón. Sin embargo, la medicina cardiovascular moderna está derribando este mito. Estar delgado no garantiza tener las arterias limpias. Factores como la genética, el estrés crónico y la calidad de la alimentación (más allá de las calorías) juegan un rol determinante en los niveles de lípidos en sangre. El “flaco con colesterol alto” es una realidad clínica frecuente que suele detectarse tarde por la falta de controles preventivos.

El colesterol LDL (conocido como “malo”) puede acumularse de forma silenciosa incluso en personas con un Índice de Masa Corporal (IMC) envidiable. Según detalla el informe de Infobae, la actividad física es excelente para fortalecer el músculo cardíaco y aumentar el colesterol HDL (“bueno”), pero por sí sola no siempre puede compensar una predisposición hereditaria a producir exceso de grasa en el hígado o una dieta alta en grasas saturadas ocultas en alimentos procesados “fit”.

Los 8 errores más comunes sobre la salud cardiovascular

  1. Confiar solo en el peso: La grasa visceral, aquella que rodea los órganos internos, es mucho más peligrosa que la grasa subcutánea y no siempre es visible.

  2. Subestimar la genética: La hipercolesterolemia familiar puede hacer que un atleta tenga niveles de riesgo si no recibe tratamiento médico.

  3. Creer que el ejercicio compensa una mala dieta: “Correr para comer” es una trampa; el daño inflamatorio de los azúcares y grasas trans ocurre independientemente de las calorías quemadas.

  4. No controlar la presión arterial por ser joven: La hipertensión silenciosa es el principal factor de riesgo de ACV, sin importar la edad.

  5. Pensar que el colesterol bajo es siempre bueno: El cuerpo necesita colesterol para producir hormonas y vitamina D; el equilibrio es la clave.

  6. Ignorar el estrés: Los altos niveles de cortisol impactan directamente en la inflamación de las arterias.

  7. Suponer que los síntomas avisan: Las enfermedades cardiovasculares suelen ser asintomáticas hasta que se produce un evento agudo como un infarto.

  8. Abandonar la medicación al ver buenos resultados: Las estatinas o tratamientos similares suelen ser crónicos; suspenderlos sin supervisión eleva el riesgo de rebote.

La clave para una longevidad saludable reside en el perfil lipídico completo y no solo en la balanza. Los expertos recomiendan realizar un análisis de sangre al menos una vez al año y no descuidar los controles de presión, incluso si nos sentimos en nuestro mejor momento físico. La prevención real no se ve en el espejo, sino en los resultados de laboratorio y en la consulta médica regular.

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