Conocé el turismo canábico en argentina

Los Cauces, turismo cannabico en la Patagonia

Desde la Patagonia al Norte Grande, proyectos turísticos ligados al cannabis medicinal y al cáñamo industrial combinan naturaleza, educación y desarrollo local. Con un marco legal aún restrictivo pero en expansión, el país empieza a ensayar una oferta turística alternativa que atrae visitantes, inversiones y debate público.

El turismo cannábico comienza a abrirse camino en Argentina como un segmento incipiente, todavía de nicho, pero con experiencias concretas que ya funcionan en distintas regiones del país. Lejos de cualquier lógica recreativa informal, estas propuestas se apoyan en el cannabis medicinal, el cáñamo industrial y la divulgación científica, integrando recorridos guiados, naturaleza, bienestar y producción local. En un contexto de economías regionales en búsqueda de diversificación, el fenómeno empieza a ganar visibilidad.

Uno de los casos más avanzados es el de Los Cauces Reserva Cannábica, ubicada en la Comarca Andina, cerca de Epuyén. Allí, el proyecto articula ecoturismo, educación ambiental y cultivo de cannabis bajo estándares científicos. La propuesta incluye visitas guiadas a los cultivos, talleres sobre genética y prácticas sustentables, actividades de bienestar como yoga y meditación, y alojamiento en cabañas integradas al entorno natural. El atractivo no pasa solo por la planta, sino por la experiencia integral de montaña, conocimiento y descanso.

En el Norte Grande, el caso más emblemático es el de la primera finca de turismo cannábico del país, desarrollada por la empresa UNGE en la ciudad de Chilecito. El proyecto se inscribe en una estrategia provincial más amplia de impulso al cannabis medicinal como motor productivo. La experiencia combina senderismo entre cultivos, charlas educativas sobre usos terapéuticos, gastronomía regional y actividades recreativas, con el objetivo de sumar valor turístico a una zona históricamente ligada a la vitivinicultura y la minería.

La provincia de La Rioja apuesta a posicionar esta iniciativa como parte de una identidad productiva emergente, donde el cannabis no es un fin en sí mismo, sino un eje para generar empleo, atraer visitantes y promover conocimiento. En ese sentido, el turismo funciona como vidriera de un entramado que incluye investigación, salud y desarrollo regional.

Más al sur, en la alta montaña mendocina, el denominado proyecto Vallecitos propone una variante distinta: el foco está puesto en el cáñamo industrial y el cultivo en altura. Ubicado en la zona de Vallecitos, dentro de la provincia de Mendoza, el plan —aún en desarrollo— contempla domos de cultivo, glamping, observación astronómica y actividades educativas vinculadas a los usos industriales y medicinales del cáñamo. La propuesta apunta a un público interesado en turismo sostenible, ciencia aplicada y experiencias de montaña no tradicionales.

Estos proyectos comparten una característica central: operan dentro del marco legal vigente, apoyándose en la regulación del cannabis medicinal y del cáñamo, y evitando cualquier incentivo al consumo recreativo. El desafío es doble. Por un lado, consolidar modelos de negocio viables que no dependan exclusivamente de la novedad. Por otro, construir legitimidad social en un país donde el debate sobre el cannabis sigue atravesado por prejuicios y tensiones normativas.

 

En términos económicos, el turismo cannábico aparece como un complemento interesante para destinos que buscan desestacionalizar la demanda y diversificar su matriz productiva. La experiencia internacional muestra que, con reglas claras, este tipo de turismo puede convivir con propuestas tradicionales sin desplazarlas. En Argentina, el potencial existe, pero su expansión dependerá de la estabilidad regulatoria, la articulación público-privada y la capacidad de integrar estas iniciativas a los circuitos turísticos formales.

Por ahora, el turismo cannábico argentino avanza con pasos medidos. No promete masividad inmediata, pero sí abre una puerta a nuevas narrativas productivas, donde naturaleza, ciencia y cultura se combinan para ofrecer experiencias distintas y con identidad territorial.

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