La macroeconomía argentina atraviesa un punto de inflexión que los mercados financieros han comenzado a convalidar con entusiasmo. Por primera vez en siete años y medio, el riesgo país se consolidó por debajo de los 500 puntos básicos, abriendo la jornada de este miércoles en 486 unidades. Esta cifra, que representa una caída del 15% en lo que va de enero, sitúa al indicador en niveles similares a los de junio de 2018, antes de que se desatara la crisis cambiaria de aquel año. La compresión de la sobretasa que paga el país frente a los bonos del Tesoro de EE. UU. no es solo un dato estadístico; es la señal que el Gobierno esperaba para intentar refinanciar vencimientos de capital sin depender exclusivamente de la emisión o el ajuste interno.
El motor de esta mejora radica en la solidez del frente externo. Desde el 5 de enero, el Banco Central (BCRA) ha mantenido una racha ininterrumpida de compras de reservas, sumando más de USD 1.040 millones en menos de un mes. Este volumen ya representa el 10% de la meta anual prevista para 2026, un cumplimiento temprano que despeja dudas sobre la capacidad de pago del Estado a corto plazo. Según especialistas del sector privado, este escenario acerca a la Argentina a una instancia de acceso gradual a los mercados externos, emulando procesos recientes de estabilización en otros países de la región.
A pesar de la euforia reflejada en el índice del JP Morgan, el comportamiento de los bonos Globales mostró este miércoles una dinámica mixta, con algunos títulos subiendo casi un 1% y otros con leves tomas de ganancias. Esta cautela de los inversores sugiere que, si bien la confianza ha retornado, el mercado aún observa con atención la sostenibilidad del crecimiento y la reducción de la dependencia del financiamiento interno. Una baja consolidada del riesgo país no solo abarata el crédito para el Estado, sino que también facilita que las empresas locales obtengan tasas más competitivas, impulsando la inversión privada y el crédito bancario para el consumo.
Consolidar esta tendencia será el desafío principal del equipo económico en los próximos meses. La posibilidad de volver a emitir deuda a tasas razonables permitiría normalizar la curva de vencimientos y otorgaría al país un colchón de liquidez fundamental para profundizar las reformas estructurales. Sin embargo, el camino hacia la normalización financiera plena todavía requiere mantener la disciplina fiscal y asegurar que la acumulación de divisas no sea un fenómeno pasajero, sino el resultado de una economía genuinamente abierta y competitiva.