ChurroFest: el cierre dorado de la “churromanía” en el verano bonaerense

La identidad culinaria de la Provincia encuentra su punto máximo de efervescencia en Villa Iris. Entre rellenos de autor y los clásicos de dulce de leche, este sábado se celebra el ChurroFest, un festival artesanal que combina la tradición gastronómica con espectáculos populares y sabores excéntricos para coronar la temporada.

El verano bonaerense no solo se define por sus playas, sino por la consolidación de sus festividades populares. En la localidad de Villa Iris, el aroma a masa frita y azúcar se vuelve el protagonista absoluto con la llegada de la Fiesta Regional del Churro. El evento, que año tras año suma adeptos por su carácter comunitario y artesanal, tendrá su punto culminante este sábado con el ChurroFest, un gran baile al aire libre y feria gastronómica que busca elevar el estatus de este producto icónico de la mesa argentina.

La propuesta de este año redobla la apuesta por la diversidad. Además de los tradicionales churros bañados en chocolate, el festival presentará sabores excéntricos y rellenos innovadores que desafían el paladar conservador, consolidando lo que ya se denomina en la región como la “churromanía”. La jornada contará con una feria de más de 150 puestos de artesanías y emprendedores, transformando a la localidad en un polo de atracción para visitantes de todo el sudoeste bonaerense. El cierre musical estará a cargo de la histórica banda Los Charros, asegurando una bailanta popular que se extenderá hasta la madrugada.

Más allá del atractivo culinario, este tipo de celebraciones funcionan como un motor vital para las economías locales. Nacidas del impulso vecinal, las fiestas populares como la de Villa Iris o la de la Empanada Costera en Santa Elena, logran fortalecer la identidad de los pueblos y generar ingresos genuinos en un contexto de incertidumbre económica. El ChurroFest no es solo un evento gastronómico; es un espacio donde el trabajo colectivo de las comunidades se traduce en una oferta turística robusta y auténtica.

Para el turista que busca escapar de los circuitos tradicionales, la “churromanía” ofrece una experiencia de arraigo. Al atardecer, el escenario principal se convierte en el epicentro de la fiesta, donde las danzas regionales y el baile popular borran las distancias entre locales y visitantes. Es en este intercambio donde el churro, ese compañero inseparable del mate en la playa, adquiere su verdadera dimensión como símbolo de la cultura compartida y el ocio veraniego.

La cita en Villa Iris promete ser el corolario dulce de un enero que, a pesar de los desafíos, ha encontrado en las fiestas populares un refugio de alegría y tradición. El ChurroFest demuestra que, con una receta simple y un esfuerzo comunitario organizado, es posible transformar un producto cotidiano en una marca de distinción regional que convoca a miles de personas bajo el cielo de la provincia.

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