Alta Costura 2026: el lujo se despoja de la vanidad para abrazar el oficio

En una temporada marcada por relevos históricos y un contexto global convulso, las grandes casas de moda en París proponen un retorno a la esencia. Entre la introspección de Valentino y la fantasía emocional de Schiaparelli, la artesanía emerge no como un lujo, sino como un acto de resistencia.

¿Qué lugar ocupa la Alta Costura en un mundo que parece desmoronarse? La respuesta de la temporada Primavera/Verano 2026 no ha sido el exceso vacío, sino una invitación a la contemplación. Tras años de desfiles diseñados para la viralidad instantánea de las pantallas, nombres como Alessandro Michele, Jonathan Anderson y Mathieu Blazy han decidido ralentizar el pulso, devolviendo el protagonismo a la prenda y al saber hacer de los talleres.

Uno de los hitos de la semana fue el segundo asalto de Michele para Valentino. En un emotivo homenaje al recientemente fallecido Valentino Garavani, el diseñador romano presentó “Espejo del Mundo”, una colección que sustituyó la pasarela tradicional por kaiserpanoramas (muebles con mirillas). Este dispositivo obligó a los asistentes a detenerse, eliminando la distracción del teléfono para forzar una mirada íntima sobre vestidos que fusionan el glamour de los años veinte con la excentricidad de los setenta. Según Michele, se trata de educar al espectador para que adopte una posición basada en la atención y el silencio.

Valentino Couture Credits: ©Launchmetrics/spotlight
Valentino Couture Credits: ©Launchmetrics/spotlight

Por su parte, Daniel Roseberry en Schiaparelli propuso un antídoto sensorial a la realidad sombría. Con “La Agonía y el Éxtasis”, inspirada emocionalmente en la Capilla Sixtina, el diseñador desplegó siluetas quiméricas con rasgos reptilianos y colas de escorpión que desafían la gravedad. Aquí, la artesanía extrema no busca la utilidad comercial, sino provocar asombro en una cultura visual saturada, reafirmando que la belleza sigue siendo una estrategia de supervivencia.

La expectativa también se centró en los debuts de Jonathan Anderson en Dior y Mathieu Blazy en Chanel. Ambos evitaron el espectáculo estridente para enfocarse en la “complejidad silenciosa”. Anderson presentó en Dior una visión ligera, con túnicas de plumas y bolsos forjados con meteoritos, enfatizando la misión de la Alta Costura de preservar oficios en peligro de extinción. Blazy, en un Grand Palais transformado en un bosque de setas gigantes, despojó al traje de tweed de sus significantes habituales para reconstruirlo en capas de gasa casi invisibles, demostrando que el virtuosismo técnico no necesita gritar para ser relevante.

Por su parte, Daniel Roseberry en Schiaparelli propuso un antídoto sensorial a la realidad sombría. Con "La Agonía y el Éxtasis", inspirada emocionalmente en la Capilla Sixtina, el diseñador desplegó siluetas quiméricas con rasgos reptilianos y colas de escorpión que desafían la gravedad. Aquí, la artesanía extrema no busca la utilidad comercial, sino provocar asombro en una cultura visual saturada, reafirmando que la belleza sigue siendo una estrategia de supervivencia. La expectativa también se centró en los debuts de Jonathan Anderson en Dior y Mathieu Blazy en Chanel. Ambos evitaron el espectáculo estridente para enfocarse en la "complejidad silenciosa". Anderson presentó en Dior una visión ligera, con túnicas de plumas y bolsos forjados con meteoritos, enfatizando la misión de la Alta Costura de preservar oficios en peligro de extinción. Blazy, en un Grand Palais transformado en un bosque de setas gigantes, despojó al traje de tweed de sus significantes habituales para reconstruirlo en capas de gasa casi invisibles, demostrando que el virtuosismo técnico no necesita gritar para ser relevante.
Schiaparelli Couture Credits: ©Launchmetrics/spotlight

En definitiva, la Alta Costura de 2026 se redefine como un espacio de soberanía creativa. Ya sea a través del realismo discreto o de la fantasía desbordante, el mensaje de París es unísono: el verdadero lujo hoy es la capacidad de capturar la atención en un mundo que ha olvidado cómo observar.

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