Cuba bajo asedio: embajadas y empresas activan planes de evacuación por temor a una intervención

La caída de Maduro en Venezuela ha dejado a la isla en su momento de mayor vulnerabilidad histórica. Con reservas de petróleo para solo 15 días y un bloqueo energético total impuesto por Donald Trump, la comunidad internacional en La Habana ha entrado en “alerta roja”, acumulando provisiones y evacuando familias ante el riesgo inminente …

Argentina toma postura ante el peligro de invasión estadounidense en Cuba.
Argentina toma postura ante el peligro de invasión estadounidense en Cuba.

El clima en La Habana ha cruzado la frontera de la crisis económica para entrar en el terreno de la supervivencia geopolítica. Tras el cambio de régimen en Venezuela, su principal aliado y proveedor, Cuba enfrenta un aislamiento casi absoluto. La multinacional Unilever ya ha comenzado a evacuar a las familias de su personal extranjero, una señal clara de que el sector privado no ve garantías de seguridad a corto plazo. En paralelo, las embajadas europeas y latinoamericanas han iniciado protocolos de emergencia, acopiando agua, alimentos y combustible para resistir un posible escenario de parálisis total de servicios básicos.

La asfixia energética es el arma principal de esta nueva etapa de presión desde Washington. Según datos de la consultora Kpler, la isla cuenta con apenas 15 a 20 días de reservas de crudo. El cerco ordenado por Donald Trump, que amenaza con aranceles masivos a cualquier país que comercie petróleo con Cuba, ha logrado lo que décadas de embargo no pudieron: frenar los envíos desde México. A pesar de los intentos de la presidenta Claudia Sheinbaum por mantener el suministro, la presión de la Casa Blanca ha forzado la suspensión de los despachos, dejando al sistema eléctrico cubano al borde del apagón definitivo.

Desde Estados Unidos, el discurso ha escalado hacia la confrontación directa. Mientras Trump asegura que el gobierno cubano está “a punto de caer”, su secretario de Estado, Marco Rubio, ha lanzado advertencias que los analistas comparan con los momentos más tensos de la Guerra Fría, como la Crisis de los Misiles de 1962. La retórica de Washington no solo busca un cambio de régimen este mismo año, sino que sugiere que la opción militar es una herramienta sobre la mesa si el colapso interno se profundiza.

En las calles, la población padece las consecuencias de este pulso de alta intensidad. La recesión es profunda y los apagones se han vuelto estructurales, afectando la ya debilitada producción agrícola y el turismo. El presidente Miguel Díaz-Canel ha intentado proyectar una imagen de resistencia a través de mensajes oficiales, denunciando la “brutalidad de las amenazas”, pero la realidad técnica indica que, sin una fuente de energía externa inmediata, la capacidad de gobernabilidad se enfrenta a un desafío sin precedentes.

El 2026 se perfila como el año definitivo para el futuro de la isla. El desmantelamiento del eje Caracas-La Habana ha dejado al Partido Comunista de Cuba ante un dilema de hierro: una apertura política forzada por el hambre y la falta de energía, o un escenario de resistencia numantina bajo la sombra de una intervención externa. Mientras tanto, el mundo observa cómo una de las últimas fronteras de la Guerra Fría parece acercarse a un desenlace inevitable.

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