EE.UU. flexibiliza sanciones petroleras a Venezuela tras la reforma del sector

Washington condicionó la apertura a contratos bajo control estadounidense

Trump va por el petroleo de Venezuela
Trump va por el petroleo de Venezuela

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió levantar parcialmente el embargo petrolero sobre Venezuela luego de que el oficialismo en Caracas impulsara una profunda reforma legal que habilita la participación privada en la industria de los hidrocarburos. La medida representa un giro relevante en el vínculo bilateral y reconfigura el esquema energético venezolano tras años de restricciones y sanciones internacionales.

La flexibilización se conoció después de que Delcy Rodríguez promulgara una reforma que modifica de manera sustancial el modelo petrolero vigente desde mediados de los años 2000. El nuevo marco normativo elimina el monopolio estatal que durante décadas ejerció Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) y abre la posibilidad de que empresas privadas puedan explotar, distribuir y comercializar crudo sin que el Estado sea necesariamente socio mayoritario.

En paralelo, el Departamento del Tesoro estadounidense formalizó un nuevo régimen de autorizaciones que permitirá operaciones petroleras bajo estrictas condiciones. Según el texto oficial, PDVSA y sus socios podrán extraer y vender petróleo siempre y cuando los contratos se sometan a la jurisdicción de Estados Unidos. Además, los pagos derivados de esas operaciones deberán depositarse en cuentas supervisadas por Washington, lo que introduce un mecanismo de control directo sobre el flujo financiero del recurso.

Otra cláusula central establece que toda venta de crudo a terceros países deberá ser reportada previamente a las autoridades estadounidenses. Fuentes cercanas a la decisión señalaron que la intención es garantizar trazabilidad comercial y evitar triangulaciones que eludan las sanciones vigentes.

La flexibilización también incluye un endurecimiento selectivo: el acuerdo prohíbe expresamente transacciones que involucren a Cuba, Rusia, Irán o Corea del Norte, países señalados por Washington como actores estratégicos adversarios. También se impusieron restricciones severas sobre operaciones vinculadas con China, en un contexto de tensión global por el control de recursos energéticos.

El levantamiento parcial del embargo ocurre además en simultáneo con el anuncio de la reanudación de vuelos comerciales entre Estados Unidos y Venezuela, suspendidos desde 2019. Trump justificó la decisión como parte de una “nueva etapa de supervisión y apertura condicionada”, tras el cambio regulatorio impulsado desde Caracas.

En el plano interno venezolano, la reforma implica un quiebre con el modelo estatista promovido por Hugo Chávez en 2006, cuando se consolidó la nacionalización del petróleo como eje central de soberanía económica. La nueva norma simplificó también el esquema impositivo: se estableció una contribución única del 15% sobre los ingresos brutos con el objetivo de atraer inversiones externas en yacimientos no explorados, conocidos como “campos verdes”.

Analistas internacionales interpretan el movimiento como un intento de reactivar la producción venezolana, que cayó de manera sostenida en la última década por falta de inversión y deterioro de infraestructura. Para Estados Unidos, en tanto, la medida permite reinsertarse como actor dominante en la comercialización del crudo venezolano bajo reglas propias.

El alcance real de esta apertura dependerá ahora de la respuesta del mercado, de la estabilidad política venezolana y del cumplimiento de las condiciones impuestas por Washington, que busca mantener un control decisivo sobre el principal recurso estratégico del país sudamericano.

 
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