El campo argentino comienza 2026 con un escenario de actividad intensa y señales de mejora tras un 2025 marcado por exportaciones récord en volumen. Con la cosecha gruesa en el horizonte y un mercado internacional que sigue atento a la demanda de commodities, el agro aparece nuevamente como uno de los sectores clave para el ingreso de divisas y la estabilidad macroeconómica del país.
Según reportes recientes, las exportaciones agroindustriales cerraron 2025 con ventas externas por más de US$ 50.500 millones, en un año que se destacó por niveles históricos de embarques y cantidades exportadas. El dato consolidó al complejo agroexportador como el principal motor del comercio exterior argentino y alimenta expectativas positivas para el inicio de este nuevo ciclo productivo.
En este arranque de año, los productores siguen con atención la evolución del clima y el ritmo de la comercialización, en un contexto donde la competitividad del sector se apoya tanto en la tecnología aplicada al campo como en la logística y la capacidad de industrialización local. La campaña 2025/26 se perfila como un nuevo termómetro de la economía real, sobre todo por su impacto directo en las reservas y el mercado cambiario.
Uno de los puntos de discusión permanente continúa siendo el esquema impositivo y la política de retenciones. Durante 2025 se registraron medidas y debates sobre derechos de exportación que siguen influyendo en las decisiones comerciales del productor, especialmente en soja y maíz, los dos cultivos más relevantes del país.
En paralelo, el Gobierno nacional sostiene que el agro es un sector estratégico dentro del modelo económico, no solo por su capacidad exportadora sino también por el empleo indirecto que genera en transporte, industria alimentaria y servicios vinculados. Sin embargo, persisten reclamos por infraestructura, costos internos y reglas previsibles para inversiones de largo plazo.
Otro eje que gana espacio en 2026 es la transformación tecnológica del agro: agricultura de precisión, conectividad rural y automatización de procesos productivos. Estas herramientas permiten mejorar rindes y eficiencia, pero también amplían la brecha entre grandes productores y economías regionales más pequeñas, que enfrentan dificultades para acceder al mismo nivel de innovación.
Con este panorama, el campo argentino inicia el año en un equilibrio particular: optimismo por la demanda global y los números exportadores, pero con tensiones internas vinculadas a costos, tributos y competitividad. La campaña 2026 será decisiva no solo para el sector, sino para la economía argentina en su conjunto, que vuelve a mirar al agro como su principal fuente de impulso y divisas.