Project Genie: la IA de Google que convierte palabras en videojuegos jugables

Google ha dado un paso histórico en la IA generativa. A través de su laboratorio DeepMind, ha lanzado Project Genie, un prototipo que permite a cualquier usuario crear y “jugar” mundos interactivos en 3D simplemente escribiendo una descripción o subiendo una imagen.

El avance tecnológico detrás de esta plataforma es una integración de tres motores de última generación de la firma: Genie 3 (el motor de simulación de mundos), Nano Banana Pro (el generador de imagen de alta fidelidad) y el modelo de lenguaje Gemini. A diferencia de las herramientas que simplemente producen clips de video, Project Genie construye un “espacio latente” que comprende la física y la lógica espacial. Esto permite que el sistema responda a comandos tradicionales —como saltar o caminar—, prediciendo cómo debería verse el siguiente cuadro según la acción del jugador.

Un ecosistema de creación en tres pasos

La experiencia de usuario en Project Genie está diseñada para simplificar el diseño de niveles, una tarea que tradicionalmente requiere meses de desarrollo:

  1. Bocetado (World Sketching): El usuario describe el entorno, el estilo visual (desde realismo cinematográfico hasta estética de 8 bits) y el tipo de cámara (primera o tercera persona). La IA genera una previsualización detallada.

  2. Exploración: Una vez aceptado el diseño, el usuario “entra” al mundo. La navegación es fluida y el entorno se genera dinámicamente a medida que el personaje se desplaza, manteniendo la coherencia de la iluminación y los obstáculos.

  3. Remezcla (Remixing): El sistema permite editar mundos existentes o fusionar varios escenarios creados previamente para generar variaciones infinitas sobre una misma base.

El costo de la potencia: restricciones y acceso

Dada la inmensa capacidad de procesamiento que requiere cada sesión, Google ha limitado el acceso inicial a suscriptores de Google AI Ultra en Estados Unidos. Shlomi Frutcher, director de investigación de DeepMind, explicó que la navegación está restringida a sesiones de 60 segundos. “Queremos que llegue a la mayor cantidad de personas posible, pero cada vez que un usuario interactúa con Genie, se le asigna un chip de procesamiento dedicado de forma exclusiva”, señaló el directivo.

Aunque el prototipo aún presenta desafíos —como una latencia perceptible en los controles o errores en la colisión de objetos (personajes que atraviesan paredes)—, su existencia marca un antes y un después en la IA generativa. Lo que hoy es un experimento de un minuto, mañana podría ser la herramienta base para que cualquier persona, sin conocimientos de programación, diseñe simulaciones educativas, prototipos de arquitectura o sus propios universos de entretenimiento.

Para la industria tecnológica, Project Genie no es solo una curiosidad lúdica, sino una prueba de que la IA está empezando a comprender la causalidad y las reglas físicas del mundo real. Es, en esencia, el primer paso hacia una inteligencia capaz de imaginar, construir y operar en la realidad virtual de forma autónoma.

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