El sable corvo de José de San Martín, objeto que simboliza la libertad de medio continente, cambiará de hogar en medio de una fuerte polémica política y académica. Mediante el Decreto 108/2026, el presidente Javier Milei dispuso que la histórica pieza sea trasladada de manera definitiva al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, en el barrio de Palermo. El argumento oficial se basa en “devolver la custodia” a la unidad que el propio Libertador creó, reforzando el carácter militar y la solemnidad de la reliquia.
La decisión administrativa no tardó en generar un cimbronazo en el ámbito de la cultura. Gabriel Di Meglio, director del Museo Histórico Nacional (MHN) hasta la publicación de la norma, presentó su renuncia indeclinable al considerar que el traslado debilita el carácter público y pedagógico del objeto. Desde la institución sostienen que el sable es un bien de todos los argentinos y que su lugar natural es un museo, donde puede ser apreciado por civiles y estudiantes en un contexto historiográfico, y no bajo el régimen restrictivo de una unidad castrense.
El sable tiene un historial de desplazamientos que refleja las tensiones de la política argentina. Tras ser legado por San Martín a Juan Manuel de Rosas, fue donado al MHN en 1897. Durante la década de 1960, sufrió dos robos por parte de la Juventud Peronista, lo que llevó a que la dictadura de Lanusse le otorgara la custodia a los Granaderos. Fue recién en 2015, bajo la gestión de Cristina Kirchner, cuando la pieza regresó a su vitrina actual en el Museo Histórico, tras un complejo proceso de restauración y puesta en valor.
Para el Gobierno, este movimiento es un acto de “justicia histórica” que prioriza la seguridad y el honor militar por sobre la exhibición museológica. No obstante, especialistas en patrimonio advierten que el traslado podría dificultar el acceso de los investigadores y del público general a una pieza que es piedra angular de la identidad nacional. Mientras se prepara el operativo de mudanza con honores militares, el vacío en la dirección del Museo Histórico Nacional marca el inicio de una nueva etapa de revisión simbólica en la gestión del patrimonio cultural argentino.