La tranquilidad del atardecer serrano se vio violentamente interrumpida este lunes cuando el Tren de las Sierras, un ícono del paisaje cordobés, se transformó en una trampa de metal y llamas. El incidente ocurrió minutos antes de las 20:00, justo cuando la formación alcanzaba la estación La Calera. Lo que comenzó como un foco ígneo en uno de los vagones derivó en una emergencia que obligó a la evacuación inmediata de 130 personas, quienes debieron abandonar sus pertenencias ante el avance implacable del humo.
El escenario en la intersección de la avenida San Martín y Rivadavia fue dantesco. Según los testimonios de los presentes, el fuego se propagó con una voracidad que dejó obsoletos los matafuegos de a bordo. “Ayudé con los matafuegos, pero estaba imposible con lo poco que había“, relató Juan, uno de los pasajeros que colaboró en el descenso de mujeres y niños. Para muchos de los sobrevivientes, la ubicación del siniestro fue la clave de la salvación: de haber ocurrido en pleno trayecto entre montañas, el acceso de las unidades de rescate hubiera sido nulo.
El operativo de contención demandó un despliegue masivo que incluyó a la Policía Federal, Defensa Civil y tres dotaciones de Bomberos, quienes lucharon durante más de dos horas y media para sofocar el incendio. A pesar de la magnitud de las llamas, que quedaron registradas en videos virales por su impactante altura, el saldo sanitario fue milagrosamente leve. Cuatro personas fueron trasladadas al hospital local por cuadros de inhalación de monóxido de carbono, entre ellas una menor de edad, aunque todas se encuentran fuera de peligro.
Este suceso reabre el debate sobre el mantenimiento de las unidades ferroviarias y los protocolos de seguridad en un servicio que, especialmente en temporada alta, opera al límite de su capacidad. Mientras los peritos de la fiscalía interviniente trabajan para determinar si el origen fue una falla mecánica o eléctrica, el Ministerio de Seguridad provincial confirmó que el peritaje será exhaustivo. Por ahora, el Tren de las Sierras queda marcado no por su belleza turística, sino por lo que los propios pasajeros definieron como una “desgracia con mucha suerte”.