La madrugada del sábado en Tafí del Valle dejó de ser una postal de veraneo para convertirse en una escena de brutalidad extrema. A la salida del boliche “La Cañada”, Patricio Ledezma fue interceptado por una jauría humana que, según testigos y registros fílmicos, superaba las 20 personas. El ataque no tuvo tregua: el joven recibió patadas y golpes de puño incluso cuando ya no podía defenderse, para finalmente ser lanzado a una zanja mientras sus agresores huían del lugar.
El ensañamiento quedó registrado en videos que hoy son piezas clave para la Justicia. En las imágenes se observa la absoluta indefensión de la víctima frente a un grupo que, de acuerdo con la investigación liderada por el Ministerio Público Fiscal, estaría integrado por jugadores de un reconocido club de rugby de la provincia. “Uno se mata laburando para poder salir con amigos, y vienen estos pibes que creen que por andar en patota pueden hacer esto“, reflexionó Ledezma en sus redes sociales, donde mostró las heridas que, milagrosamente, no le costaron la vida.
La respuesta policial no se hizo esperar ante la presión social que generó el caso. El jefe de la Policía de Tucumán, Joaquín Girvau, confirmó que ya se realizaron allanamientos en la ciudad de Concepción que resultaron en la detención de dos sospechosos y el secuestro de prendas con manchas hemáticas. “Son patoteros, delincuentes que agredieron a una persona entre veinte. La Policía va a dar una respuesta concreta”, sentenció Girvau, asegurando que la División Telemática trabaja para identificar al resto de la “manada”.
Por su parte, el club vinculado a los presuntos agresores emitió un comunicado poniéndose a disposición de la Justicia, aunque aclararon que esperarán la confirmación oficial de las identidades para aplicar las medidas disciplinarias correspondientes. El hecho evoca inevitablemente fantasmas de tragedias pasadas y pone bajo la lupa, una vez más, el comportamiento de ciertos sectores del rugby. Mientras la víctima se recupera de las lesiones, la sociedad tucumana aguarda que la carátula judicial refleje la gravedad de un ataque que pudo haber terminado en un desenlace fatal por el simple hecho de la superioridad numérica y el desprecio por la vida ajena.