El Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires atraviesa horas decisivas para definir su conducción de cara al próximo 15 de marzo. Tras una serie de reuniones en La Plata entre referentes del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) y el kirchnerismo, las posibilidades de que el gobernador Axel Kicillof asuma la presidencia en reemplazo de Máximo Kirchner crecieron, aunque el acuerdo político permaneció supeditado a exigencias mutuas de gobernabilidad y representación territorial.
Las condiciones de la gobernación
Kicillof trasladó a sus negociadores —los ministros Gabriel Katopodis, Carlos Bianco y Andrés Larroque— una premisa clara para aceptar el cargo: el partido debe garantizar un respaldo total a las decisiones de su gestión provincial.
El mandatario buscó que la estructura partidaria acompañe sus lineamientos políticos, una dinámica habitual en otras provincias con administraciones peronistas, pero que en el territorio bonaerense enfrentó resistencias por disputas de financiamiento y criterios electorales.
El reparto del poder interno
La discusión técnica se centró en la conformación del Consejo del partido, integrado por 48 miembros. El sector alineado con el gobernador exigió controlar la mayoría de estos espacios para asegurar un liderazgo con sustento propio. Por su parte, La Cámpora, representada por Facundo Tignanelli y el intendente Federico Otermín, propuso una distribución equitativa de los cargos.
La diputada Teresa García señaló que una lista de unidad debería reflejar un reparto de fuerzas equilibrado. Paralelamente, la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, advirtió que la futura gestión no podrá omitir el reclamo por la situación judicial de Cristina Kirchner, sumando presión política a la negociación.