La firma del Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproco entre Argentina y Estados Unidos no fue recibida con el mismo entusiasmo en ambos extremos del continente. Mientras en Buenos Aires se celebra como un hito de la gestión de Javier Milei, en el corazón productivo de Norteamérica los ganaderos independientes manifestaron su indignación ante lo que consideran un ataque directo a su rentabilidad. El punto de conflicto es el salto exponencial en el cupo de importación de carne vacuna argentina, una medida con la que el presidente Donald Trump busca reducir los precios en las góndolas estadounidenses, pero que el sector rural califica como una “bofetada”.
Desde Montana, Bill Bullard, presidente de Ganaderos Unidos de América (R-CALF USA), advirtió a la prensa que la industria local se encuentra en un “estado de crisis” y requiere protección, no una apertura que deprima aún más los precios percibidos por el productor. “Nuestra industria ha sido importadora neta durante décadas, lo que ha provocado que nuestro ganado se reduzca al mínimo en más de 70 años y el éxodo de más de la mitad de los ranchos del país”, explicó el dirigente. Según Bullard, la medida favorecerá a los grandes frigoríficos importadores, pero no garantiza un alivio real para el consumidor final debido a la desconexión entre el precio del ganado y el valor minorista.
El malestar también se siente entre los pequeños productores de estados como Virginia y Ohio. John Boyd Jr., fundador de la Asociación Nacional de Agricultores Negros, vinculó este acuerdo con el masivo paquete de asistencia financiera de 40.000 millones de dólares que el Tesoro de EE.UU. otorgó a la Argentina meses atrás. Para Boyd, el hecho de que su país “rescate” al gobierno de Milei mientras los granjeros estadounidenses sufren dificultades es “la gota que colma el vaso”. En la misma línea, Christopher Gibbs, titular de Rural Voices US, calificó de “condescendiente” la actitud de la Casa Blanca hacia el sector que le brindó un apoyo masivo en las urnas.
La administración Trump enfrenta el desafío de equilibrar su alianza estratégica con Argentina con el descontento de su base electoral más fiel. Aunque los funcionarios argentinos reconocieron que obtener este aumento de cupo fue una negociación “muy importante y difícil”, el clima en el interior de Estados Unidos es de alerta roja. Los productores denuncian que la entrada masiva de carne de menor costo retrasará la reconstrucción del diezmado stock nacional y pondrá en riesgo la autosuficiencia alimentaria de la potencia del norte, una bandera que el propio Trump supo agitar durante su campaña.