a dieta de los argentinos atraviesa una transformación sin precedentes que quedó plasmada en las estadísticas del cierre de 2025. Según datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, el consumo total de carnes experimentó un salto del 3,85% interanual, elevando el promedio por persona de 112,16 a 116,4 kilos. Este registro no solo es el más alto de la serie 2020-2025, sino que evidencia una recuperación del poder de compra y una mayor apertura hacia proteínas alternativas que solían tener un rol secundario.
El cerdo: la estrella del crecimiento
Dentro del podio de proteínas, la carne porcina fue la que mostró el avance más agresivo. Con un incremento del 8,44%, el consumo pasó de 17,42 a 18,89 kilos per cápita. Este fenómeno responde a una doble dinámica: una mayor versatilidad en la cocina hogareña y precios que resultan altamente competitivos frente a los cortes vacunos tradicionales. Además, el sector porcino cerró un año récord con más de 8,5 millones de cabezas faenadas y una producción que superó las 812.000 toneladas, consolidando también su presencia en 54 mercados internacionales.
La vigencia de la vaca y el avance aviar
Pese al avance de otras opciones, la carne vacuna logró mantenerse por encima de los niveles del año anterior, subiendo casi un 3% para ubicarse en los 49,92 kilos por habitante. Aunque lejos de los récords históricos de décadas pasadas, la cifra marca una estabilización del sector tras años de volatilidad. Por su parte, la carne aviar estuvo a punto de alcanzar la paridad con la vacuna, registrando un consumo de 47,68 kilos por persona (un alza del 3,07%), lo que confirma que el pollo sigue siendo el aliado fundamental de la economía familiar argentina.
Un nuevo mapa proteico
Este incremento simultáneo en las tres categorías refleja, según fuentes oficiales, una consolidación de la tendencia de crecimiento del mercado interno. El dato de los 116,4 kilos totales posiciona a la Argentina como uno de los principales consumidores de proteína animal a nivel global, pero con un mapa mucho más equilibrado: hoy, casi 6 de cada 10 kilos de carne que consume un argentino provienen de fuentes no bovinas. Este equilibrio fortalece la seguridad alimentaria y ofrece una mayor resiliencia ante las oscilaciones de precios de cada sector en particular.