El dolor de espalda dejó de ser considerado una afección meramente física para consolidarse como un disruptor del descanso en la tercera edad. Una investigación clínica publicada en enero de 2026 reveló que los hombres mayores de 65 años que padecen molestias lumbares frecuentes enfrentan dificultades severas para mantener un sueño reparador.
Los datos, difundidos por organismos de salud en Europa, indicaron que este grupo poblacional presenta niveles elevados de somnolencia diurna y una disminución notable en su energía cotidiana.
El origen de la fatiga crónica
El análisis médico estableció que el dolor actúa como un predictor de insomnio, independientemente de la edad o el peso del paciente. Esta relación se manifiesta a través de microdespertares nocturnos que impiden alcanzar las fases profundas del descanso.
Según especialistas de Clínica Simarro y TopDoctors, la tensión muscular derivada del estrés y el agotamiento mental genera contracturas que se intensifican durante la noche.
A este panorama se suman factores estructurales como la artrosis, las hernias discales y la estenosis espinal. Estas patologías no solo provocan dolor localizado, sino que generan una fatiga compensatoria debido al esfuerzo adicional que el cuerpo realiza para mantener la movilidad.
Asimismo, se identificó que la deficiencia de nutrientes básicos y la vida sedentaria potencian los cuadros inflamatorios en la musculatura paravertebral.