El pasado 9 de enero, la inseguridad en la zona norte del Gran Buenos Aires alcanzó un nuevo nivel de crueldad y cinismo. Mónica Eugenia Mancini, conocida en Instagram como @moni.datadeabuela, regresó de un viaje sin saber que su actividad en redes sociales había sido monitoreada desde el Pabellón 9 de la Unidad Penitenciaria N° 45 de Melchor Romero. Brandon Imanol Brites, de 19 años, dirigió el asalto a su vivienda en Martínez mediante una videollamada en tiempo real.
Alrededor de las 2:30 de la madrugada, tres delincuentes menores de edad ingresaron a la propiedad tras trepar la reja perimetral y acceder por un patio interno. Durante más de dos horas, la víctima permaneció maniatada y golpeada.
Los asaltantes, que portaban cuchillos de la propia cocina de Mancini, amenazaron con quemarla con agua hirviendo y secuestrarla si no entregaba los ahorros de toda su vida.
Inteligencia penitenciaria y redes sociales
La investigación, encabezada por el fiscal general adjunto de San Isidro, Patricio Ferrari, reveló que la banda utilizó el perfil público de la mujer para realizar el trabajo de campo. En su cuenta, que supera los 212 mil seguidores, Mancini compartía detalles de su vida cotidiana que permitieron a los líderes identificar su domicilio y movimientos.
Brites, junto a su cómplice Lucas Ezequiel Merels, coordinó a los ejecutores materiales —jóvenes de entre 12 y 17 años— dándoles órdenes precisas sobre qué objetos buscar y cómo evitar las cámaras de seguridad.
A pesar de la vigilancia interna, los delincuentes obligaron a la mujer a proporcionar sus claves bancarias y transfirieron aproximadamente 10 millones de pesos hacia cuentas vinculadas a la organización.