Fricción entre el Ministro de Economía y el empresariado

Luis Caputo criticó la indiferencia empresarial ante la reforma laboral, que reduce las cargas patronales del 27% al 15% para nuevos empleos. El ministro lamentó que, pese al fuerte alivio fiscal, las cámaras mantengan cautela mientras la CGT evalúa protestas.

Luis Caputo, Ministro de Economía. Foto: NA
Luis Caputo. Foto: NA

El responsable de la cartera económica, Luis Caputo, manifestó su desconcierto ante la frialdad con la que las agrupaciones patronales recibieron los avances de la reestructuración laboral. Mediante sus plataformas digitales, el funcionario lamentó que el sector privado no haya valorado públicamente el beneficio que supone el nuevo régimen de incentivos, el cual contempla una poda drástica en los tributos por cada nueva contratación. Para la administración central, resulta incomprensible que una medida diseñada específicamente para abaratar la generación de puestos de trabajo genuinos y reducir la presión fiscal sobre las compañías no haya despertado celebraciones explícitas en las cúpulas corporativas.

El núcleo de la disconformidad oficial radica en las proyecciones de ahorro que ofrece el proyecto de ley. Según datos técnicos que respaldan la iniciativa, la carga que soportan los empleadores podría descender del actual 27% a un 15% durante los primeros cuatro años de cada nuevo contrato. Este alivio fiscal busca achicar la brecha entre el salario bruto y lo que efectivamente le cuesta a la empresa mantener a un operario formalizado. A pesar de estas cifras, que el Presidente Javier Milei también se encargó de difundir, los representantes industriales y comerciales han mantenido una postura cautelosa, enfocados más en las dudas sobre la implementación operativa y la falta de reactivación del consumo interno que en los beneficios impositivos directos.

Esta falta de sintonía ocurre en un momento de alta sensibilidad política, con la Cámara de Diputados bajo presión para ratificar los cambios legislativos y las centrales obreras evaluando medidas de fuerza masivas. Mientras el Gobierno nacional intenta vender la reforma como una herramienta fundamental para ganar competitividad frente a mercados internacionales, el silencio de las cámaras empresariales deja al descubierto una grieta de expectativas. Los líderes del sector privado parecen priorizar la necesidad de crédito y estímulos a la producción por sobre las promesas de reducción de contribuciones, lo que ha transformado lo que el oficialismo considera un éxito de gestión en un nuevo foco de reproches cruzados.

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