El panorama económico para 2026 comienza a perfilarse con mayor claridad tras la difusión del nuevo Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM). Los analistas consultados por el Banco Central ajustaron sus previsiones, señalando que la inflación de febrero se ubicará en el 2,1%. Aunque este dato confirma la tendencia a la baja tras el 2,4% estimado para enero, el mercado advierte que el índice de precios no perforaría el piso del 2% mensual al menos hasta abril, cuando se proyecta un 1,9%.
En lo que respecta al tipo de cambio mayorista, las consultoras y entidades financieras prevén un avance gradual pero persistente. Para febrero, el dólar oficial se estima en $1.475, mientras que para marzo saltaría a $1.502. El dato más disruptivo surge de la proyección para el cierre de diciembre de 2026: el mercado ubica la divisa en $1.750, situándose muy por encima de los $1.423 que el Poder Ejecutivo contempló en el Presupuesto Nacional. Esta brecha de más de 300 pesos refleja la cautela de los inversores ante la futura unificación cambiaria.
La inflación anual acumulada para este año también sufrió una corrección al alza en el informe. Los especialistas estiman ahora que el 2026 cerrará con un incremento de precios del 22,4%, lo que representa un ajuste de 2,3 puntos respecto al relevamiento previo. Este recalibramiento responde a la inercia de los precios regulados y a la presión de los costos logísticos, factores que impiden una caída más abrupta del costo de vida en el corto plazo.
Por otro lado, el consenso del mercado anticipa una continuidad en la reducción de las tasas de interés de política monetaria. Se espera que la Tasa Nominal Anual (TNA) descienda del 31,80% en febrero a un 25% para el mes de julio. Esta estrategia, coordinada por la autoridad monetaria, busca acompañar el sendero de desinflación sin descuidar la rentabilidad de los depósitos en pesos, manteniendo una tasa real que evite la migración masiva de fondos hacia el dólar blue o financiero.
Finalmente, el informe del Banco Central deja en claro que, si bien el programa económico ha logrado contener las variables más volátiles, persisten desafíos estructurales. La proyección de un superávit primario sólido es la principal ancla para las expectativas, pero la evolución de las reservas netas y el cumplimiento de las metas pactadas con el FMI seguirán siendo los monitores clave para determinar si el dólar y la inflación logran converger hacia los niveles optimistas que proyecta la Casa Rosada para el segundo semestre del año.