Las delegaciones de la República Islámica de Irán y de los Estados Unidos de América retomaron este viernes el contacto diplomático en Mascate. Los encuentros, de carácter indirecto, buscaron desactivar la crisis nuclear en un contexto de máxima presión militar.
El ministro de Asuntos Exteriores omaní, Badr al Busaidi, encabezó la mediación, recibiendo primero al canciller iraní Abbas Araghchi y, posteriormente, a la comitiva estadounidense integrada por el enviado Steve Witkoff y el asesor Jared Kushner.
La agenda de trabajo generó fricciones desde el inicio. El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio advirtió que Washington no limitará la discusión al ámbito atómico, sino que incluyó el arsenal de misiles balísticos y el respaldo iraní a milicias regionales como puntos innegociables. Por su parte, el gobierno iraní insistió en que sus capacidades defensivas están fuera de cualquier negociación y exigió el reconocimiento de su derecho al enriquecimiento de uranio.
El clima de confrontación se agudizó por la presencia de una flota naval estadounidense en las cercanías del territorio iraní. Esta movilización ocurrió meses después de que las fuerzas de Estados Unidos e Israel atacaran objetivos nucleares en junio pasado.
Ante esta situación, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, recordó que el presidente Donald Trump mantiene activas todas las opciones militares en su calidad de comandante en jefe.
A pesar de la retórica de guerra, surgieron señales de una posible flexibilidad técnica. Fuentes diplomáticas señalaron que Teherán estaría dispuesto a transferir 400 kilogramos de uranio enriquecido a un tercer país y aceptar un esquema de enriquecimiento cero bajo un consorcio internacional.
No obstante, el sector ultraconservador iraní mostró su rechazo a través de medios oficiales, mientras la Guardia Revolucionaria exhibió el despliegue del misil Khorramshahr-4 en bases subterráneas como señal de fuerza.