En medio de una jornada marcada por el paro general en Argentina, el Fondo Monetario Internacional (FMI) envió un mensaje de apoyo condicionado a la gestión de Javier Milei. La vocera del organismo, Julie Kozack, calificó de “impresionantes” los avances logrados en materia de estabilización fiscal y monetaria. No obstante, introdujo una advertencia clave: la necesidad de proteger a los sectores más vulnerables frente a las reformas estructurales, especialmente la reforma laboral y la liberalización del comercio exterior.
La mención de Kozack sobre los “costos de transición” no es casual. Coincide con el impacto directo del cierre de la planta de neumáticos Fate, que dejó a más de 900 trabajadores en la calle, y el crecimiento de la desocupación en sectores industriales sensibles a la competencia importada. Para el Fondo, si bien las medidas apuntan a reducir la informalidad y atraer inversiones, el Gobierno debe implementar mecanismos que amortigüen el golpe social para garantizar la sostenibilidad política del programa.
En el plano técnico, el organismo celebró que el Banco Central haya logrado comprar más de US$2.000 millones en lo que va de 2026. Esta acumulación de divisas, sumada al “ancla fiscal de saldo cero”, es vista por el FMI como la piedra angular para que el país recupere el acceso a los mercados internacionales. Actualmente, el staff técnico trabaja en cerrar la segunda revisión del programa, lo que habilitaría un desembolso clave de US$1.000 millones para reforzar las alicaídas reservas netas.
Otro punto de fricción abordado por Kozack fue la polémica en torno al Indec y la postergación de la actualización metodológica del IPC. Aunque evitó confrontar directamente con el Ejecutivo, la vocera remarcó que para el FMI es “esencial” contar con estadísticas “oportunas, creíbles e imparciales”. El organismo había recomendado anteriormente modernizar la canasta de consumo —que hoy utiliza datos de 2004—, pero el Gobierno decidió postergar el cambio hasta que se consolide la tendencia a la baja de la inflación.
La negociación entre el Palacio de Hacienda y el FMI entra ahora en una fase decisiva. Mientras el Gobierno exhibe el cumplimiento de las metas fiscales, el Fondo observa con lupa el rezago en la acumulación de reservas y la paz social. El aval definitivo del Directorio Ejecutivo dependerá de que Argentina logre equilibrar su ambiciosa agenda de reformas con una red de contención que evite que los costos de la transición desarticulen el plan de estabilización.