La puesta en libertad de Andrés Mountbatten-Windsor, ocurrida pasadas las 19:00 horas del jueves, marcó el cierre de una jornada sin precedentes para la corona británica.
Tras permanecer bajo custodia policial durante más de diez horas, el investigado abandonó las dependencias de Aylsham en un vehículo oficial, mostrando un gesto visiblemente alterado.
La Policía de Thames Valley confirmó que el sujeto fue liberado “bajo investigación”, lo que implica que el proceso penal continúa abierto mientras se analizan las evidencias recolectadas en diversos registros domiciliarios.
El arresto se produjo a las ocho de la mañana en Wood Farm, dentro de la finca de Sandringham, coincidiendo con el 66° cumpleaños del investigado. La operación, ejecutada por unos 20 agentes, tomó por sorpresa al Palacio de Buckingham, que no recibió notificación previa sobre la detención.
Las pesquisas apunta a un presunto delito de conducta inapropiada en cargo público, una figura del derecho común que contempla penas de hasta cadena perpetua.
Filtraciones y vínculos económicos
El origen de esta acción policial reside en la reciente desclasificación de archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Estos documentos sugieren que, en 2010, el entonces príncipe envió información económica confidencial relativa a Hong Kong y Singapur a Jeffrey Epstein.
En aquel periodo, Mountbatten-Windsor se desempeñaba como representante especial para el Comercio e Inversión Internacional, un cargo que le otorgaba acceso a datos estratégicos del Estado.
Paralelamente, la policía de Essex inició indagaciones sobre el uso del aeropuerto de Stansted para el traslado de víctimas de trata vinculadas a la red de Epstein. Según los registros, al menos uno de esos vuelos mantiene una conexión directa con el entorno del hermano del monarca.
Por su parte, el investigado ha mantenido una negativa constante frente a todas las acusaciones, tanto en el ámbito financiero como en los señalamientos de abuso sexual que lo vinculan con el financiero estadounidense.