La denominada niebla mental describió un conjunto de alteraciones cognitivas que dificultaron la claridad de pensamiento y la capacidad para realizar tareas cotidianas. Quienes manifestaron este síntoma refirieron una sensación de lentitud mental, dificultades para encontrar palabras precisas y problemas para organizar ideas que anteriormente resultaban sencillas de procesar.
Según expertos en neurología y psiquiatría, no se trató de una patología clínica autónoma, sino de una manifestación secundaria presente en diversas condiciones de salud.
Factores desencadenantes y origen
Diversas investigaciones vincularon esta condición con factores del estilo de vida y cuadros clínicos complejos. El estrés crónico, la falta de descanso reparador, el sedentarismo y una dieta desequilibrada figuraron entre las causas más frecuentes. Asimismo, se registraron casos asociados a la ansiedad y la depresión, donde los pacientes percibieron su mente bloqueada para la toma de decisiones.
En los últimos años, el síntoma ganó relevancia por su aparición en personas que cursaron infecciones virales, específicamente en cuadros de COVID prolongado. Estos hallazgos impulsaron nuevos estudios sobre los mecanismos inflamatorios que afectaron el sistema nervioso de manera indirecta.
Además, en pacientes con dolor crónico, se observó que la atención y la memoria se resintieron, lo que redujo la calidad de vida y aumentó el agotamiento general.
Impacto en la vida diaria
El fenómeno generó consecuencias tangibles en el ámbito laboral y social. Los afectados reportaron errores frecuentes, incapacidad para seguir conversaciones extensas y pérdida de información durante el estudio. Para los sectores de la población entre los 25 y los 70 años, estas fallas provocaron frustración y temor ante un posible deterioro cognitivo prematuro.
Profesionales de la salud señalaron que no toda distracción pasajera representó un riesgo grave. Sin embargo, establecieron señales de alarma claras: cuando los olvidos interfirieron con el desempeño académico o profesional durante varias semanas, la consulta médica resultó imprescindible.
La evaluación clínica incluyó habitualmente una historia detallada, revisión de fármacos y análisis de laboratorio para descartar desequilibrios hormonales o nutricionales.