El reconocido periodista Ricardo Roa, en su inconfundible estilo que mezcla la sátira con el bisturí del análisis político, utiliza la figura del comisario ficticio Rocco Schiavone para destripar la actualidad argentina. Roa nos presenta a un Milei acorralado por los “dolores de huevos” políticos, que lejos de ser un líder que domina la cancha, se muestra como un actor que recibe golpes inesperados tanto de sus aliados como de sus adversarios. La metáfora de Schiavone, un tipo digno y con reglas claras, sirve como contraste perfecto para una política argentina donde la lealtad es un bien escaso.
En el tablero, el primer golpe para el presidente lo dio una foto con buzos violetas. Una imagen que, según Roa, fue un intento de Milei por mostrar su poder sobre los jefes del PRO, pero que terminó hiriendo a sus propios aliados y dejando a Mauricio Macri fuera de juego. El periodista destaca que esta maniobra fue un error de cálculo, ya que a la gente “no le cambia nada” y solo sirvió para evidenciar una alianza que ya era un secreto a voces. La duda sobre el futuro de la bancada del PRO, con un Ritondo que debe decidir qué buzo usar, es el remate ácido del análisis.
El segundo “dolor de huevos” de Milei, de un nivel 10, vino del Congreso. El kirchnerismo, cual comisario astuto, tomó la iniciativa y le propinó 12 derrotas consecutivas. Este revés legislativo, que incluyó la caída de decretos y la imposición de comisiones, es interpretado por Roa como una demostración de que el kirchnerismo no se ha ido. Lejos de haberse enterado de las causas de la crisis, se sobregiran en un “festival de recuperación del gasto público”. No obstante, Roa encuentra un giro de guion: esta debacle en el Congreso le sirve a Milei para “crear” un nuevo enemigo. El Congreso, con una imagen negativa altísima, se convierte en el villano que traba los cambios y legitima a Milei como la víctima y el garante de la estabilidad.
El tercer gran problema para el presidente es el escándalo de las criptomonedas, calificado por Roa como un “dolor de huevos nivel 10”. La reaparición de su ex canciller, Mondino, en una cadena extranjera acusándolo de ser “o no muy inteligente o una especie de corrupto”, se presenta como una traición inesperada de un sector que se consideraba el más sensato del mileismo. La ironía de Roa es implacable al recordar los bloopers de Mondino, sugiriendo que la “lealtad” en política es una quimera.
Finalmente, Roa remata su nota con una revelación que subraya su escepticismo: Máximo Kirchner podría ser candidato. Para el periodista, esto es la confirmación definitiva de que, en la política argentina, “no se ven Schiavones”, sino socios sin reglas claras. Esta posible candidatura es el colofón perfecto, una “ayuda electoral para Milei, imposible de mejorar” y una prueba de que, si esto ocurre, las “Fuerzas del Cielo de verdad existen”. En un panorama donde la dignidad y la lealtad escasean, Roa nos deja una última reflexión sobre una política que se mueve entre la conveniencia y la falta de escrúpulos.