Una nota de El País reveló que doce recién nacidos murieron en el Hospital Universitario de Guayaquil, Ecuador, en un período de diez días. El Ministerio de Salud atribuyó los decesos a múltiples factores, señalando que la mayoría de los bebés eran prematuros. Sin embargo, admitió que dos de las muertes se debieron a una infección hospitalaria provocada por la bacteria Klebsiella pneumoniae, un patógeno resistente a antibióticos que prospera en entornos con protocolos de bioseguridad deficientes.
El caso de Joselyn, una de las madres afectadas, expone la precaria situación. Su hijo, Ángel, murió de ictericia a los cuatro días de vida, una afección que es tratable si se diagnostica a tiempo. La madre afirmó que, a pesar de las promesas del hospital de darle atención pediátrica a su bebé, este nunca fue examinado por un especialista. A esto se suma que, tras la muerte del niño, el hospital reportó el cuerpo como abandonado, lo que llevó a la policía a llevárselo para una autopsia. Joselyn tardó horas en recuperarlo y, entre sollozos, afirmó que “se lo llevaron como si fuera basura”.
Este trágico suceso ha puesto en evidencia el colapso del sistema de salud pública de Ecuador, que según fuentes locales se encuentra al borde del colapso. El Colegio de Médicos del Guayas ha instado al presidente Daniel Noboa a declarar una emergencia sanitaria, denunciando la falta crítica de insumos y medicamentos. La situación se ha visto agravada por un recorte presupuestario de más de 400 millones de dólares en el sector sanitario desde que Noboa asumió el cargo.
Como respuesta, la Fiscalía ha iniciado una investigación penal y la Defensoría del Pueblo una indagación propia. El ministro de Salud pidió la renuncia del gerente del hospital y ordenó una auditoría médica. Sin embargo, la atención psicológica se ofreció solo a las familias de los dos bebés que fallecieron por la bacteria, dejando al resto desatendidas.