Horas antes de que el presidente Volodímir Zelenski de Ucrania se reuniera con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Washington, la maquinaria de guerra rusa lanzó ataques mortales sobre las ciudades de Járkov y Zaporiyia. Sin embargo, tal como revela una nota del The New York Times, estos ataques no son un hecho aislado.
Se producen en un nuevo contexto diplomático: la propuesta de Vladimir Putin a Trump para que Ucrania ceda el resto de la región de Donbás a Rusia, a cambio de que Moscú detenga los combates en el resto del frente. Esta oferta, que Trump ha respaldado públicamente, ha obligado a Zelenski a enfrentarse a la posibilidad de que su aliado más importante lo considere un obstáculo para la paz. El propio Trump, en sus redes sociales, escribió que Zelenski “puede poner fin a la guerra con Rusia casi de inmediato, si quiere”.
La propuesta territorial de Putin ha desatado una tensión renovada entre Washington y Kiev. El Kremlin, que ha celebrado en el pasado la fricción entre ambos líderes, ha encontrado una nueva forma de sembrar la división. Analistas como Alexander Gabuev, director del Centro Carnegie Rusia Eurasia, califican la propuesta como una “píldora venenosa” diseñada para debilitar a Ucrania internamente. Y es que la cesión de territorio está constitucionalmente prohibida en Ucrania, a menos que sea a través de un referéndum nacional. Una encuesta reciente del Instituto Internacional de Sociología de Kiev encontró que el 78% de los ucranianos se oponen a entregar cualquier territorio a Rusia.
Más allá del dilema político, la propuesta de Putin representa una amenaza directa a la seguridad de Ucrania. La región, que el Kremlin considera las provincias de Donetsk y Lugansk, incluye ciudades clave como Kramatorsk y Sloviansk, que han servido como centros militares y defensas desde la invasión de 2014. Ceder estos territorios significaría perder sus defensas más fuertes, lo que posicionaría a Rusia para un futuro ataque desde una posición mucho más ventajosa, como advirtió David Shimer, quien dirigió la política sobre Ucrania en el Consejo de Seguridad Nacional.
Aunque Putin había exigido el control total de cuatro regiones, la oferta de solo dos es vista por algunos como una concesión, aunque sigue siendo “realmente poco realista”, como señaló el analista Gabuev.
En este contexto, la cumbre en Washington se convierte en un escenario de alta complejidad. Mientras Zelenski busca reafirmar el apoyo de sus aliados, los ataques rusos y la propuesta de Putin buscan socavar cualquier intento de acuerdo y forzar a Ucrania a una “paz” que implicaría un sacrificio territorial masivo. La pregunta que queda flotando es: ¿Podrá Ucrania resistir la presión de su principal aliado para ceder territorio? El futuro de la guerra, más que nunca, no solo se juega en las trincheras, sino en los pasillos de poder en Washington y en el pulso entre la integridad territorial de un país y la conveniencia política de sus aliados.