El Gobierno nacional reconoció de manera explícita que el incremento de las tasas de interés que viene implementando tendrá un impacto negativo en la economía argentina, afectando el ritmo de crecimiento y el acceso al crédito para empresas y familias. Esta admisión fue llevada a cabo por el propio presidente Javier Milei en un discurso ante la Bolsa de Comercio de Rosario, donde advirtió que la actividad económica claramente se desacelerará en el corto plazo.
Con un modelo de política monetaria que busca mantener el plan de desinflación, el oficialismo enfrenta la difícil tarea de controlar la emisión monetaria y las expectativas inflacionarias en un contexto de fuerte volatilidad por la incertidumbre electoral y las presiones desde la oposición.
Milei señaló que, frente a un escenario que describe como caótico propuesto por grupos contrarios, su gobierno optó por ajustar las condiciones del mercado monetario, aumentando encajes bancarios y endureciendo la política monetaria para contener la demanda de pesos y estabilizar la divisa.
Junto a esta estrategia, se prepara una nueva operación de deuda en pesos con la que el Estado buscará cubrir casi 14 billones de pesos en el mercado local. La licitación de esta semana será clave para conocer el nivel de tasas que exigirá el mercado y el monto de pesos “sueltos” que podría quedar disponible en la economía.
La consultora Invecq ya advirtió que el inicio del segundo semestre no muestra señales alentadoras, con sectores como la industria, la construcción, la producción automotriz y la molienda de soja reportando caídas significativas en julio. En contraste, algunos rubros como la producción de cemento, petróleo y acero presentaron aumentos modestos.
El estancamiento también afecta al empleo formal y al poder adquisitivo, con un salario privado formal que se mantiene por debajo de los niveles de febrero sin señales de recuperación, mientras los créditos en pesos, aunque en aumento, crecen a menor ritmo y la mora en préstamos familiares alcanza un 5,2%.
Especialistas enfatizan que las tasas históricamente altas limitan cualquier rebote económico en la previa electoral y anticipan una posible relajación del encarecimiento del crédito y mayor flexibilización cambiaria después de las elecciones, lo que podría aportar aire a la economía hacia fin de año.
Sin embargo, el endurecimiento del sistema financiero genera también racionamiento de crédito, ya que los bancos enfrentan dificultades para renovar préstamos y ajustan al alza las tasas para compensar pérdidas por atrasos en pagos.
En este complejo escenario económico, el mensaje del Gobierno es claro: hay que actuar con prudencia en la gestión financiera y prepararse para un periodo prolongado de tasas elevadas, necesarias para intentar controlar la inflación y estabilizar el mercado cambiario.