El dólar en Argentina sigue una tendencia alcista que preocupa a economistas y agentes del mercado, anticipando que agosto y septiembre serán meses “al rojo vivo” para el tipo de cambio. Esta proyección responde a varios factores que presionan la cotización de la divisa estadounidense, empezando por la persistente inflación que erosiona el poder adquisitivo del peso y genera demanda de dólares como refugio.
El mercado percibe una situación de escasez de reservas internacionales en el Banco Central, lo que limita la intervención oficial para contener la suba del dólar. Además, hay expectativas inflacionarias elevadas y una demanda creciente de divisas para importaciones y ahorro privado, que alimentan la presión cambiaria.
La combinación de estas tensiones se traduce en una fuerte volatilidad que ya se refleja en las cotizaciones paralelas, con el dólar blue alcanzando valores históricos, y en segmentos financieros, donde los dólares financieros también muestran subas importantes. Los analistas creen que sin una corrección estructural de las políticas económicas y un mayor orden fiscal, la presión sobre la moneda estadounidense se mantendrá en el corto plazo.
El Banco Central ha intentado algunas medidas para reducir la volatilidad, como la suba de tasas de interés y el control de operaciones cambiarias, pero hasta ahora con resultados limitados dadas las fuerzas de mercado que actúan en contra. Para que se estabilice el dólar se requeriría una combinación de reformas económicas, un ingreso estable de divisas y un control efectivo de la inflación.
El panorama para los próximos dos meses es complejo y volátil para el dólar en Argentina, con un contexto incierto , un escándalo por coimas en un sector muy sensible de la sociedad y elecciones de por medio, que obliga a diferentes actores económicos a estar muy atentos a las decisiones del Gobierno y a las fluctuaciones del mercado cambiario. La expectativa es que estas semanas definan el rumbo del tipo de cambio para lo que resta del año.