Fer Metilli: “Las chicas de La Culpa somos las nuevas Brujas, nos lo dijo Moria”

En conversación con LR, Fer Metilli revela cómo el humor le permitió vencer la timidez y consolidarse en teatro, televisión y stand-up. En esta entrevista, reflexiona sobre la evolución del humor en Argentina, el rol de la mujer comediante. Una charla cercana sobre risas, desafíos y transformación social

Fer Metilli, actriz y comediante argentina. Se destaca por su trayectoria en el stand-up y el teatro, donde participó en producciones como Las chicas de la culpa y en obras dirigidas por Juan José Campanella. Foto: Sebastián Cid
Fer Metilli, actriz y comediante argentina. Se destaca por su trayectoria en el stand-up y el teatro, donde participó en producciones como Las chicas de la culpa y en obras dirigidas por Juan José Campanella. Foto: Sebastián Cid

Dueña de un estilo que combina ternura y picardía, Fer Metilli nos invita a reírnos de lo cotidiano, pero también a pensar a través del humor. LR habló con ella sobre su recorrido y los desafíos de hacer comedia en la Argentina actual.

Con una carrera que la llevó del teatro a la televisión y del stand up al corazón del público, Fer se consolidó como una voz única dentro de la comedia nacional. En esta charla, nos cuenta cómo ha evolucionado el humor en el país, su experiencia en proyectos teatrales junto a figuras como Juan José Campanella y Eduardo Blanco, y por qué, a pesar de explorar diferentes registros, sigue prefiriendo hacer reír sobre todas las cosas.

— Cuando alguien te pregunta a qué te dedicás, ¿qué es lo primero que respondés?
Actriz. Eso es lo primero, porque es lo que soy. Yo considero que lo que uno hace está muy ligado a lo que es, al menos quienes tenemos ese privilegio. En mi caso, no puedo separar mi ser de mi profesión. Soy actriz por formación y por trabajo. Siempre hago comedia, pero no es lo mismo ser comediante que actriz. No porque una cosa sea mejor que la otra, sino porque a mí me gusta interpretar personajes, encarnarlos. La comediante sería “yo”, pero la actriz me permite ser otras.

 

Sebastián Cid
Foto: Sebastián Cid

— ¿Y cuándo te diste cuenta de que hacer reír podía convertirse en tu trabajo?
— En realidad, no sé si en ese momento pensé en trabajo, pero lo descubrí a los 14 años. Estábamos en un “asalto”, en Tandil le decíamos así, en La Plata creo que le dicen “malón”, esa típica juntada donde las chicas llevaban los chizitos y los pibes la gaseosa. Yo era muy tímida, toda mi primaria y el comienzo de la secundaria. Esa noche estábamos nerviosos: chicos de un lado, chicas del otro, y había un pibe que nos gustaba a todas. Entre la vergüenza y los nervios, empecé a decir cosas en voz alta, como: “¿te imaginás si ahora pasa tal cosa?”, y todos se reían.
Ahí sentí algo distinto: una liberación. Sin darme cuenta, estaba diciendo lo que pensaba, pero con humor. Ese día fue un antes y un después: sentí el poder de hacer reír. La risa es energía y también aceptación. Con el tiempo, entendí en terapia que era una forma de integrarme, de que me aceptaran. Pero lo más fuerte fue que descubrí que podía expresarme a través del humor.

— Qué increíble como herramienta: incluso se puede decir algo crudo, pero con humor se recibe distinto.
— Para mí fue una ventaja haberlo descubierto tan chica. Desde los 6 u 8 años, más allá de mi timidez, yo jugaba a estar arriba de un escenario. Siempre supe que iba a ser actriz, nunca dudé. Por eso, cuando empecé a estudiar teatro en la facultad, mis compañeros de primaria o secundaria se sorprendieron: yo era tímida y perfil bajo, no la típica extrovertida o “pesada” del grupo. Pero tenía claro mi camino.

— Sos una actriz muy versátil porque pasaste por televisión, cine y teatro. ¿Cuál de todos esos ámbitos sentís que es tu lugar y por qué?
— Sin duda, mi lugar es el teatro. Es donde más experiencia y formación tengo. En televisión también trabajé, pero no con tanta continuidad. A mí me encanta hacer ficción, me gusta mucho esa rutina de estar ocho horas en un canal, grabar, tener tiempos muertos, me sienta bien, porque dentro de la inestabilidad de nuestro trabajo, eso es una especie de estabilidad. Lo mismo pasa con el teatro de miércoles a domingo: es una estructura que disfruto.
El teatro tiene algo único: todos los días es distinto. El público genera esa sensación de estar vivo, que no la tienen las otras rutinas. Igual disfruto también de la televisión de ficción, pero el ida y vuelta con el público es incomparable.

— Claro, y el teatro tiene eso bueno y malo: un día estás súper arriba y otro quizás más bajón, pero igual hay que ponerle el cuerpo a la función.
— Tal cual. Es la vivencia de carne viva, como decís. El público se renueva constantemente y esa energía es muy fuerte. A diferencia de la tele, donde no tenés esa devolución inmediata, salvo que sea un programa en vivo.
El primer programa en el que trabajé fue La Pelu con Flor de la V, que era en vivo. Eso me fascinaba porque era como hacer teatro: sabías que había alguien del otro lado en ese mismo momento. Los programas en vivo me apasionan por eso. Obviamente no es lo mismo que grabar una tira, donde las escenas se editan y se pasan después, pero cada formato tiene su magia.

— En este país estamos constantemente atravesados por cuestiones políticas y sociales, ¿sentís que cambió la forma de hacer humor a lo largo de los años?
— Sí, por suerte no es como antes. Con mis colegas y amigas de Las Chicas de la Culpa a veces hablamos de eso. Cuando empecé con el stand up, hace 15 o 17 años, había cosas que se decían que hoy ya no. Y está bueno que ya no se puedan decir o que, si se dicen, no sean gratuitas. Todos vamos mutando.
Si reviso monólogos míos que todavía están colgados en Internet, seguramente digo: “¡Uy, mirá lo que dije, está re mal!”. Y me parece importante poder verlo y reconocer que hoy no lo diría. Creo que como todo cambio grande, al principio se pasa por un período de extrema corrección hasta llegar a un equilibrio. Pero a mí me gusta, es parte del crecimiento: si no, seguiríamos diciendo lo mismo de siempre. Y para quienes hacemos humor es un desafío sano.

— Incluso, si miramos muchos años atrás, el rol de la mujer en la comedia era muy distinto. Estaba todo más atravesado por varones y para varones. ¿Creés que todavía hay prejuicios hacia las mujeres que hacen humor?
— Sí, todavía hay. Avanzamos un montón y eso es impagable. Agradezco a todas las mujeres que hicieron camino antes de nosotras, y hoy seguimos haciéndolo nosotras, y lo harán las que vienen. Pero todavía falta mucho. Es algo generacional. Todavía ni siquiera nació el pibe que no sea machista, imaginate.
A los hombres se los juzga menos: un comediante puede decir una barbaridad y nadie se escandaliza, pero si lo decimos nosotras con Las Chicas de la Culpa nos tildan de “ordinarias”. Y yo digo: ¿por qué no? Yo quiero ser la Yayo, ¿me entendés? Todavía falta mucho, quizá mil años, pero hemos ganado muchísimo.

— Y en ese camino, están abriendo paso para que futuras generaciones de humoristas tengan el camino más allanado. Ahora, si trasladamos esto a las redes sociales, donde hay tanto hate y comentarios negativos, ¿cómo te llevás con eso?
— La verdad, no le doy mucha bola porque me hace mal. En general, el 99% de los comentarios que recibimos en Las Chicas de la Culpa son buena onda, gente que se ríe y disfruta. Pero siempre aparece ese 1% que te dice “qué ordinarias”. Si yo me quedo en ese 1%, la boluda soy yo. Al fin y al cabo, estamos hablando de un chiste, no me jodas.
Ahora, si el hate es algo personal, vinculado a mi vida privada o a mi pareja, ahí sí me puede tocar y quizás conteste. Pero nunca me pasó algo muy concreto. Si algún día se arma un quilombo mediático de esos que te buscan con un móvil, yo abandono el móvil, me desmayo ahí mismo.

— Y estás ahora haciendo más allá de que estás con las chicas de La Culpa, ¿estás haciendo una obra con Eduardo Blanco dirigida por Juan José Campanella? ¿Ya habías trabajado con ellos? Contame sobre esta experiencia.
— Bueno, es espectacular para mí. Fue como un llamado sorpresivo, hace como un año. Campanella me dice: “Mirá, tengo esta obra, creo que el personaje de la chica lo podés ejecutar muy bien, sobre todo en los chistes, en cómo están escritos”. Yo empecé a leer y me reía, porque sí, era muy yo, cómo le contestaba al hombre, y aparte con Edu. Es una comedia dramática, tiene mucho drama, y para mí era todo un desafío.
Yo confiaba plenamente. Me entrego, hago esto, y si Campanella dice que sí, yo voy para adelante. Lo había entrenado mucho en mis épocas de estudiante, pero ya pasaron 20 años. Después elegí hacer humor, siempre fue mi elección, aunque estudié las partes más dramáticas en la facultad. Hacía mucho que no entrenaba esa fibra, y fue maravilloso, porque es un gran entrenamiento. Estamos de miércoles a domingos; así como entrenás la comedia, entrenás el drama que yo no tenía entrenado. Lo tomo como una escuela: esta parte ya la tengo entrenada hace 15 años, vamos, y voy descubriendo estas mutaciones también en el drama.

— Sí, y también puede ser el puntapié para otros proyectos futuros, ¿no? Digo, esto que hablábamos al principio de que vos te definís como actriz.
 Sí, me gustaría poder desarrollar esa parte más dramática en teatro. Me sigue gustando más la comedia, pero fue una cuestión de elección. En teatro, si me das a elegir, prefiero la comedia. Me gusta ir a la risa. Escuchar a la gente riéndose de lo que uno hace me da energía y me despierta.

— Y si no fueras actriz, ¿en qué universo paralelo estarías? ¿Cuál crees que sería tu rumbo?
— Yo creo que sería muy buena atendiendo un bar, por ejemplo, en la barra. Más de barrio, conocer gente, como cuando vendía ropa en un local mientras estudiaba la facultad. Me gustaba eso de ser anfitriona. También soy buena ordenando espacios; hay algo que me encanta de las cosas de la casa, aunque no cocinar, no, eso no me gusta para nada.

— Y para cerrar, ¿Moria o Susana?
— ¡Ay, qué difícil! Vamos con Moria, porque ama a las chicas de La Culpa.
— Le mandamos un beso a Susana también.
Obvio, Susana también, pero Moria, una vez nos invitó a su programa de streaming y estuvo buenísimo. Nos dijo que las chicas de La Culpa éramos las nuevas brujas, como el elenco de hace 30 años. Para nosotras fue como ¡wow! Nos miraba y nos decía sí, sí, son las nuevas. Nos dio una bendición, como un manto de eternidad.

Entre risas, recuerdos y anécdotas de escenario, Fer Metilli nos deja ver que, más allá de los desafíos y cambios en la comedia, lo que realmente la mueve es compartir la risa con el público. Y mientras alterna entre proyectos de humor y drama, deja algo claro: donde haya un chiste que contar, ella estará ahí, disfrutando de cada carcajada.

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