Unos 200.000 judíos ultraortodoxos se manifestaron en Jerusalén para rechazar el reclutamiento militar obligatorio impuesto tras una sentencia judicial. La protesta terminó abruptamente por la muerte de un joven.
Unos 200.000 judíos ultraortodoxos se manifestaron en Jerusalén para rechazar el reclutamiento militar obligatorio impuesto tras una sentencia judicial. La protesta terminó abruptamente por la muerte de un joven.

Más de 200.000 judíos ultraortodoxos —conocidos como jaredí— se congregaron este jueves en Jerusalén para manifestarse contra la obligatoriedad del servicio militar, un reclamo que pone en tensión al primer ministro Benjamin Netanyahu, cuya coalición depende del respaldo de partidos representativos de este colectivo.
La protesta, que se organizó como una oración colectiva y recitación de salmos en defensa del estudio de la Torá, se impuso como respuesta al aumento de arrestos de jóvenes que eluden la convocatoria militar. Durante elije Israel, los hombres deben servir 32 meses y las mujeres 24, además de la participación en la reserva hasta los 49 años.
Esta exención se mantiene desde la fundación del Estado de Israel en 1948, cuando el entonces primer ministro David Ben Gurión acordó con líderes ultraortodoxos que sólo 400 estudiantes quedarían eximidos.
Desde entonces, el colectivo creció hasta conformar casi el 13% de la población israelí, con un aumento proyectado al 32% hacia 2065 debido a su alta tasa de natalidad.
Actualmente, aproximadamente 80.000 estudiantes de seminarios religiosos (yeshivot) están exentos del servicio militar obligatorio. Esta excepción ha sido foco de controversia pública, principalmente porque el resto de la población sí cumple con la conscripción y la reserva, y porque se mantienen subsidios al estudio religioso en medio de tensiones económicas.

La movilización se produjo en medio de una disputa política compleja. Netanyahu necesita el apoyo del Judaísmo Unido de la Torá y Shas, los dos partidos ultraortodoxos en su coalición gobernante.
El primero abandonó el gobierno formalmente en 2025 pero sigue votando a favor, mientras que altos cargos de Shas renunciaron a sus puestos parlamentarios pero permanecen en la coalición.
La decisión judicial que elimina la exención legal y la presión para aprobar una nueva ley de reclutamiento ha provocado división incluso dentro del Likud, el partido de Netanyahu.
Por su parte, la oposición crítica la influencia de los ultraortodoxos en el Ejecutivo y plantea castigos electorales para quienes no cumplen el servicio militar, buscando generar una mayor igualdad en las cargas sociales.

La manifestación masiva en la Ruta 1 al ingreso de Jerusalén, con participantes de diversas ramas ultraortodoxas, terminó abruptamente tras la muerte de un joven de 20 años que cayó de un edificio en construcción.
Aunque se investiga si se trató de un suicidio, el hecho llevó a dispersar la concentración entre advertencias de peligro por parte de los organizadores.
Simultáneamente, se produjeron enfrentamientos menores con la policía y llamados al cuidado ante conductas de riesgo, como escaladas en grúas y techos.
El rechazo ultraortodoxo al servicio militar se fundamenta en la convicción de que el estudio de la Torá es una contribución vital al país, al tiempo que se esgrimen temores sobre la pérdida de identidad religiosa si los jóvenes participan en el Ejército.
El Ejecutivo israelí enfrenta la difícil tarea de conciliar estos intereses con la presión social y judicial que busca igualar las responsabilidades militares, más aún en un contexto de movilización continua por conflictos en Gaza y otras fronteras.
En este escenario, la disputa por la exención militar refleja tensiones profundas sobre identidad, democracia e igualdad en Israel, sin resolverse aún un equilibrio que satisfaga a todas las partes.
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