Una región fragmentada
La postura argentina se sitúa en el centro de un debate continental. Mientras un bloque de diez países liderado por Buenos Aires prepara un pronunciamiento de respaldo a la actuación de los Estados Unidos, otras potencias regionales han expresado su rechazo.
Los gobiernos de Brasil, Colombia y México, entre otros, calificaron la intervención militar como una violación a la soberanía nacional y un precedente peligroso para la comunidad internacional.
Esta división se hizo evidente durante la reunión de urgencia de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños). En dicho encuentro, Argentina, Paraguay y Perú optaron por enviar delegaciones de menor rango jerárquico y se abstuvieron de firmar el comunicado conjunto de condena a la operación militar impulsado por el presidente colombiano Gustavo Petro.
Desafíos en organismos internacionales
Ante el Consejo Permanente de la OEA (Organización de los Estados Americanos), el representante argentino Carlos Cherniak reafirmó que el régimen de Maduro constituía una amenaza para el hemisferio. El diplomático recordó que la administración chavista había quebrado el Estado de derecho antes de abandonar el organismo.
La detención de Nicolás Maduro reconfigura el panorama geopolítico de América Latina. La Argentina, al ser el primer país de la región en avalar la intervención, consolida su rol como el principal aliado estratégico de los Estados Unidos en el Cono Sur, distanciándose de la postura de neutralidad adoptada por sus principales socios comerciales en el Mercosur.
Sin embargo, la captura de Maduro abre una etapa de incertidumbre sobre la legalidad de las intervenciones militares para combatir el crimen transnacional.